Pedro Horrillo y 2666

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Recuerdo aquel 27 de abril, cuando hicimos un pequeño corro con Pedro Horrillo y el ex ciclista reconvertido en periodista, el holandés Thijs Zonneveld. Acababa de terminar la gala de clausura de la cuarta edición de la Mallorca 312, marcha cicloturista en la que estoy a cargo de la comunicación y el protocolo. A esa gala, a la que siempre llego atacada después de una semana intensísima de trabajo, le sigue la sensación de bienestar – ¡y que dure!- por que todo haya salido según lo esperado. Por eso bajar los tres escalones del escenario y encontrarme con Pedro y Thijs en el primer momento de relax en siete días, no podía ser más oportuno.

 Esas charlas tranquilas y amigables con alguien con quien tienes buena sintonía, son la ventana perfecta para desconectar del trabajo y volver a ser persona, más allá de periodista. Un café improvisado tras la salida de etapa, una charla en el hall del hotel…Los escenarios, eso sí, suelen estar bastante limitados. Aquella con Pedro y Thijs fue una de esas conversaciones que se agradecen y no se olvidan. Comencé preguntando a Thijs, alma mater del proyecto casi de ciencia ficción, sobre el punto en el que se encontraba la creación de una montaña en Holanda. Las conversaciones se hilaban unas con otras con naturalidad. Entonces Pedro echó mano a su móvil para mostrarnos las fotografías de la peregrinación que había llevado a cabo en otoño de 2012. “He cerrado el círculo”, nos explicaba, aunque aún quedaba mucho por entender. El 16 de mayo de 2009, camino de la meta de la octava etapa en el Giro de Italia, perdió el control de su bicicleta y cayó por el barranco en Culmine di San Pietro. Volvió a nacer. De aquella peregrinación, “una catarsis propia” en palabras de Pedro, hablo en un artículo bajo el nombre “Pedro Horrillo, el peregrino” en el número 61 de la revista Pedalier.

Sin embargo aquella peregrinación en la que se enfrentaría a sus miedos y se reencontraría a sí mismo, fue el final de un viaje que comenzó mucho antes. No fue un camino fácil y fue curioso descubrir, meses más tarde, tirando del hilo, que la llave para poder emprender aquel viaje se encontraba en la relectura de la novela póstuma 2666 del escritor chileno Roberto Bolaño. Un libro que había dejado a medias, en la página 656, en el asiento del autobús del equipo Rabobank antes de partir al control de firmas de la octava etapa en 2009 y al que estaba totalmente enganchado.

“La aclamada novela “2666” del escritor chileno, prematuramente fallecido, Roberto Bolaño fue el primer objeto personal que Pedro Horrillo pidió al despertar del coma en el Ospedali Riuniti di Bergamo. A pesar de la urgencia inicial, el libro permaneció en su mesilla de noche, incapaz de enfrentarse a él. Él mismo se daría cuenta en aquella camilla de hospital, que sería la llave que abriría la puerta a miedos y fantasmas pero a la vez el arma para cerrar heridas y proseguir con el viaje. Aún era pronto para ello”.

“[…] En la cama del hospital intentó continuar su lectura a partir de la página 656. “Leía un párrafo y la cabeza me volvía atrás irremediablemente, a la angustia y el dolor”. Un sufrimiento fruto de sus vivencias morfínicas en la UVI del hospital italiano, “tan reales como cualquier otro recuerdo de mi pasado”. No fue hasta que llegó a Pamplona, un par de meses más tarde cuando empezó a darse cuenta que todo aquello vivido durante semanas en el hospital, con personajes reales y que tanta angustia le provocó el sentirse en medio de un complot por la negación de todos, había estado inducido por la morfina y nunca había ocurrido realmente”.

Estos párrafos pertenecen al artículo “2666. El viaje de Pedro Horrillo”, que saldrá publicado en el noveno número de la revista holandesa Soigneur. Gracias a este encargo pude sumergirme en aquel “Universo Bolaño”, que denominó Pedro Horrillo. Hace un año yo misma apuraba las últimas páginas de 2666 entre San Pedro de Atacama y Santiago de Chile. En febrero de este mismo año, Pedro y yo mantuvimos una charla de más de tres horas en las que me invitó a revivir aquel viaje. Una historia apasionante, profunda e íntima. Y como ocurrió con el suyo, mi libro también continúa en mi mesilla de noche, “como un amuleto, un objeto fetiche”.

 

 

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1 comentario

Archivado bajo 2666, ciclismo, Cicloturismo, Mallorca 312, Pedro Horrilllo, Rabobank, Roberto Bolaño, Thijs Zonneveld, Uncategorized

Una respuesta a “Pedro Horrillo y 2666

  1. Grande Roberto.
    Es un placer revisitar cualquiera de sus novelas.
    O, por ejemplo, desafiar a alguien a leer Los Detectives Salvajes y saber si la ha leído entera o no (de hacerlo siempre te hará una pregunta relacionada con el final de la misma).
    2666 es una majestuosa e imperial creación (inacabada), pero que demuestra la genialidad de Bolaño (que desafortunadamente se nos marchó demasiado pronto… como cualquier fuera de serie como él).
    Esperamos con ansia tu visión sobre el paralelismo entre el universo Bolaño y la experiencia de Horrillo.
    Abrazo y suerte.

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