Manuel Quinziato, el peregrino

Original article published in Cyclist, 6/4/2018: “Manuel Quinziato and his journey to Buddhism”

Imágenes Varanasi / Río Ganges: Laura Meseguer
Imágenes de archivo personal: Manuel Quinziato

El sol dora las aguas sobre el sagrado río Ganges en India durante el amanecer y comienza a calentar a los fieles que oran, se asean y lavan su ropa en los ghat o escalinatas de piedra que se hunden en el río. Más allá se encuentra el ghat Harishchandra, el ghat de las cremaciones, ya en plena actividad, mientras los turistas depositan sus guirnaldas de flores como ofrenda a la Madre Ganga, desde sus barcas en las que contemplan el despertar del lugar más sagrado del mundo. En Varanasi, la ciudad india que Mark Twain tildó de “más antigua que la historia, más antigua que las tradiciones y más vieja incluso que las leyendas”, el recientemente retirado del ciclismo profesional, el italiano Manuel Quinziato, tomó refugio tras un peregrinaje de tres semanas entre Nepal e India y se convirtió al budismo. Esta es la historia de un viaje que comenzó mucho antes de tomar aquel vuelo destino Kathmandú y que no tiene destino, sino un sólo propósito: “disfrutar del viaje”.

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Lo que más llamó la atención del ex corredor italiano en un inicio, fue la esencia práctica y experimental del budismo; la ausencia de un Dios y su enfoque científico. El budismo es una doctrina filosófica y religiosa no teísta. Se presenta como una liberación del individuo, que se convierte así en dueño de su salvación, a través de su purificación personal. El despertar espiritual de Manuel Quinziato (Bolzano, Italia, 1979) no cuenta con una fecha concreta. Bautizado como cristiano católico, reconoce que desde joven comenzó a distanciarse de la religión católica, por motivos que estaban lejos de lo espiritual. Es licenciado en derecho y después de 15 años en el ciclismo profesional decidió retirarse en 2017 y comenzar una nueva etapa como mánager deportivo.

Para entender su historia hay que remontarse al año 2012. Profesional desde 2002 en los equipos Lampre-Daikin, Saunier Duval-Prodir, Liquigas y BMC Racing Team, siempre tuvo un papel destacado como uno de los mejores gregarios del pelotón además de ser un gran contrarrelojista. En el primer trimestre de 2012 sintió que el estrés se apoderaba de él. No dormía bien, estaba nervioso, caía continuamente enfermo y llegó a sufrir ataques de ansiedad. Superó su límite cuando ese mismo año, tuvieron que operar a su padre del corazón, enfermo además de epilepsia. “Me dí cuenta de que no podía seguir así. Había llegado a ese punto por montar en bici…de locos”. Ávido lector y siempre curioso, comenzó a investigar qué le pasaba y llegó a la conclusión de que él era el causante de todo aquello. “Era mi cabeza, yo tenía la culpa de estar así y en mi mano estaba buscar la solución”. Un primer acercamiento al pensamiento positivo fue gracias al libro “El Secreto” de Rhonda Byrne. Le convenció para dejar de lamentarse por figurar como una posibilidad en la lista de 15 pre-inscritos del equipo para aquel Tour de Francia para confiarse dentro del “nueve” que lucharía por revalidar el título de Cadel Evans. “Desapareció el miedo y apareció la seguridad. Comencé a dormir mejor, a entrenar mejor, me convencí de que correría aquel Tour de Francia y así fue”.

Despertar espiritual

Señala que no es casualidad que los últimos cuatro años de su carrera deportiva hayan sido los mejores. Reconoce que el budismo le ha convertido en un mejor ser humano y automáticamente en un ciclista mejor ya que ha eliminado miedos y ha sabido enfocar mejor la energía. Comenzó a llamarle la atención leyendo sobre mentoring, coaching y business, ya que todo se relacionaba con las enseñanzas de Buda. En Madrid, donde vive con su mujer y su hijo, comenzó a conocer más sobre el budismo gracias a su fisioterapeuta que era Director del Centro Budista en la capital. En abril de 2015 fue a visitar el centro por primera vez aprovechando la visita de la venerable Robina Curtin, una monja budista australiana que le cambió la vida y le introdujo al budismo.

Trasladado al plano práctico, aquella monja le hizo ganar la contrarreloj por equipos del Mundial De Richmond a finales de septiembre. El jueves anterior a la contrarreloj, el equipo hizo dos reconocimientos del recorrido: una a medio gas y el siguiente a ritmo de carrera. En el último tramo de entrenamiento y tras seis minutos en marcha, con las piernas llenas de ácido, tuvo que parar. “Pensé: ‘ya está, le voy a hacer perder el Mundial al equipo’”. Desde su primer contacto con la monja, había continuado leyendo sobre Buda y sobre los pasos de la propia venerable Robina. Días antes de la prueba de contrarreloj por equipos, uno de los vídeos de la monja le interesó especialmente. “Era una explicación sobre cómo uno mismo se puede construir su propio infierno”, cuenta Quinziato. “Ella ha dicho: ‘sigue adelante con coraje y mente feliz’. Me dí cuenta de que tenía un miedo terrible a la carrera del domingo y no estaba disfrutando en absoluto del momento y de la fortuna de estar en Richmond. Calentando sobre el rodillo sólo me repetía “Coraje y mente feliz” a mí mismo y añadía “sabiduría” porque las dos alas del budismo son la compasión y la sabiduría. En carrera, si sólo tengo coraje y una mente feliz seguro que voy a salir demasiado fuerte y no voy a llegar al final, de ahí que necesite la sabiduría. Hicimos una contrarreloj perfecta y ganamos”.

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El peregrino

“Manuel, ¿tú eres budista?”, le preguntó Vincenzo Nibali en aquel Mundial de Richmond. “’Sí’, le contesté. Y esa fue la primera vez que me reconocí budista, incluso para mí mismo”, cuenta Quinziato. No sería hasta dos años más tarde cuando el italiano se convirtiese oficialmente al budismo.

Se retiró a finales de 2017 y el peregrinaje se presentó como una oportunidad. Unos meses antes, la venerable Robina había pasado unos días por Madrid e invitó a sus alumnos a acompañarla en su peregrinaje de tres semanas por Nepal e India. El viaje comenzaría el 23 de octubre. A Quinziato la idea le atraía, sin embargo, nada más retirarse del ciclismo después de 15 años de carrera profesional, aventurarse en una peregrinación de tres semanas, le parecía un giro que no sabía cómo podría asimilar.

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Un día de junio de 2017, el sporting manager del equipo BMC y ex ciclista profesional, Allan Peiper, le llevó de vuelta al aeropuerto y Quinziato le confesó sus dudas sobre la oportunidad que se abría ante él. Peiper había viajado más de un par de veces a India durante un mes, meditó durante más de diez años dos horas al día y aunque estuvo a punto de quedarse a vivir en India, decidió regresar y aplicar lo que había aprendido en el deporte. Peiper no lo dudó ni un minuto: “Tienes que ir”, le dijo y a las pocas horas Quinziato recibió un email con un cambio de calendario. Ya no tendría que correr la Japan Cup. Vía libre. “Ya no me quedaban excusas”, cuenta entre risas.

El viaje comenzaría en Kathmandú, capital de Nepal. La ciudad envuelve desde un primer contacto: la gente, los colores, los olores, el tráfico, la actividad de cada metro cuadrado, el ritmo de la ciudad…Más adelante, Quinziato se daría cuenta de que Kathmandú es en realidad un remanso de paz comparado con las ciudades que se encontraría en India. El grupo pasaría cuatro días de retiro de meditación en el Monasterio de Kopan situado en la colina sobre el valle de Kathmandú, antes de continuar un peregrinaje siguiendo los pasos de Buda.

En el monasterio viven actualmente 400 monjes y es lugar de retiro y enseñanzas budsitas para gente venida de todas partes del mundo. Cada mañana amanecían temprano para meditar. A continuación tomaban desayuno y tenían enseñanzas hasta la hora de la comida con tan sólo una pausa para el té. Después de comer contaban con dos horas libres que podían utilizar para estudiar en la biblioteca del monasterio, dar un paseo tranquilo por los alrededores o descansar. Las enseñanzas continuarían hasta más allá la hora de la cena y el día concluiría con una meditación.

Las carreteras en India hacen que viajes de 150 kilómetros puedan tomar media jornada. A través de la ventana del autobús la India rural, esa que ha otorgado estabilidad al país a lo largo de toda su historia, atrae la atención. A ambos lados de la carretera la actividad no cesa y entretienen el viaje, mientras las vacas sagradas cruzan a sus anchas la carretera. Fueron doce días de viaje con casi 900 kilómetros recorridos siguiendo los pasos de Buda. Antes de llegar a India, visitaron la ciudad sagrada de Lumbini, donde según la tradición budista nació el príncipe Siddhartha Guatama que se convertiría en Buda y fundaría el Budismo después de descubrir las Cuatro Verdades. Ya en India, llegarían a Sravasti, para continuar por Kushinagar, donde murió Buda, Rajgir, donde Buda impartió muchas de sus enseñanzas, Bodh Gaya donde se cree que Buda alcanzó la Iluminación y desde allí tomarían un vuelo hasta la ciudad sagrada de Varanasi. Allí, visitarían Sarnath, donde se cree que Siddharta Guatama enseñó por primera vez el Dharma o enseñanzas budistas.

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En Varanasi, última parada del viaje, Manuel Quinziato tomó refugio. Se conoce así en el Budismo “tomar refugio en la triple joya” cuando haces los votos para vivir según los cinco preceptos budistas: no matar, no robar, no mentir, no cometer adulterio y no consumir bebidas alcohólicas. Los días anteriores, al italiano le inquietaba no poder cumplir con uno de los preceptos: no mentir. En uno de esos viajes, se sentó junto a la monja y le confesó:

– “Voy a empezar una nueva etapa como representante de ciclistas y puede ser que en alguna ocasión me haga falta mentir para beneficiar al corredor, no porque quiera hacer trampa”.
– “Ponme un ejemplo”, le dijo la monja.
– “Tengo un corredor que vale 5 y sé que tengo cuatro equipos interesados. El primer equipo me ofrece 3, yo le puedo decir que hay un par de equipos que me ofrecen por él casi 5”.
– “No, eso no lo puedes hacer. No te hace falta mentir. Tienes que ser responsable de cada palabra que sale de tu boca. Si tienes que mentir te callas y cuando tengas algo que decir será para decir la verdad. La gente te va a creer”.

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“Me dí cuenta de que si tenía fe en los votos, sería mucho mejor representante”, concluye Quinziato. Su nueva empresa se llama Dharma Sports Managment. “Dharma son las enseñanzas de Buda y sus seis perfecciones son la generosidad, la disciplina, la concentración, la paciencia, el esfuerzo y la sabiduría. Todo ello tiene una perfecta aplicación en el deporte”. Sus primeros clientes son Matteo Trentin, Moreno Moser, Carlos Verona, Fran Ventoso, Jacopo Guarnieri, Davide Cimolai y Dario Cataldo.

Se reconoce como una persona mucho más atenta y feliz. “El ciclismo profesional te da una gran oportunidad de mejorar como atleta y como persona, de sobrepasar tus límites. Es tu mente la que elige cómo vivir esa experiencia. Y la verdad es que somos privilegiados. Nos han pagado mucho dinero por hacer lo que nos gusta. Si no estás contento con lo que tienes no vas a estar contento nunca”.

 

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Manuel Quinziato, el peregrino

  1. luis angel mate mateos

    Precioso articulo. Es tuyo? Enviado desde Yahoo Mail con Android

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