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¿El show debe continuar?

– “Del Tour no se retira uno nunca”

– “¿Pero no dices que estabas agonizando?”

– “Ya, pero por eso no te puedes retirar”

Wouter Weylandt twiteaba ilusionado en la presentación del Giro de Italia el pasado viernes en el que anunciaba el inicio de 3496 km de travesía por las carreteras italianas. No ha podido completar ni  siquiera los primeros 500. En la misma etapa que el año pasado celebraba su victoria, la etapa 3, hoy ha perdido la vida. La rabia te recuerda sus jóvenes 26 años, su muerte trágica y carente de sentido, y el  muro en el descenso del Passo del Bocco, aquel que se ha llevado su vida sin aviso y sin despedidas, para dejar la compañía del pelotón en su descenso y realizar en solitario el ascenso hacia otro mundo.

Su muerte ha sido un desgraciado suceso que no entro a  atribuir a la seguridad de la carrera o no. Pablo Lastras, del conjunto Movistar , que esta tarde entró tercero en una meta silenciosa y ya vestida de luto en Rapallo declaraba:  “Es una pena y es hora de que hagamos algo por dignificar esta profesión. Es algo que se veía venir y esta mañana lo había hablado con varios periodistas. Hoy había muchas curvas peligrosas y ni siquiera había una mínima señalización o un bandera amarilla indicándolas. No sé dónde ha sido la caída y si ha tenido algo que ver, pero hoy cualquier elemento de seguridad brillaba por su ausencia”.  Me viene al pensamiento el desamparo en el que siento viven los ciclistas.  El diálogo que abre esta entrada es fruto de una conversación con un compañero de pelotón de Lastras y Weylandt unos días antes que no hacía más que reafirmarme en mi empatía hacia ellos. Y no paraba de pensar: ¿quién pudiendo dejar de agonizar decide seguir haciéndolo? ¿qué fortaleza y qué mente se necesita para ello?.

Los `gobernantes´de este deporte, en el que incluyo a las organizaciones de las carreras, no se dan cuenta de la inmensa deuda que tienen con los ciclistas. Una especie hecha a sí misma a base de una vida entregada a los entrenamientos, a saber ganar, a saber perder y  al sufrimiento, sobre todo al sufrimiento pero por su pasión sobre la bicicleta. Agonizan y se duelen de arriba a abajo pero siguen enfrentándose a la carretera con el único chasis que es su propio cuerpo. Humildes sufridores, jamás se quejan.  Y leo a Angelo Zomegnan, director del Giro de Italia, en la revista Pro Cycling: “Nos gusta hacer las cosas que nadie más tiene el valor de hacer”. Me he perdido, ¿ del valor de quién están hablando? Y es que la fortaleza con la que cuentan los ciclistas resulta que les hace vulnerables ante los que buscan de ellos hacer espectáculo, ante los que les quitan la comunicación con sus directores, ante los que les demandan que en 21 días disputen más de diez etapas de montaña, que superen los 200 km en más de trece de ellas y que los más de 200 ciclistas embutidos en carreteras estrechas superen todos los obstáculos, bajadas y emboscadas sin caerse y sin perder la vida en ello. Por supuesto, si cometen algún error serán enviados al ostracismo y vapuleados por la opinión pública. El trato parece un poco caro, casi un pacto con el diablo, pero lo firman, ¿por qué? por su pasión por la bicicleta.

No es mi intención sumar drama al que ya existe en torno a la muerte del corredor belga del conjunto Leopard, ni compartir imágenes ni aspectos de su vida que enfaticen la triste pérdida. Pero no quiero dejar de mostrar mi respeto por él y trasladar mis condolencias a su familia, amigos y compañeros. Y retomo las palabras de Lastras, es hora de dignifcar la profesión, pero dejemos de exigir a los ciclistas que sean ellos quien peleen por sus derechos. Su participación es importante pero no son ellos a quien les corresponder hacer de abogados de sus propios derechos. Demandemos a los que se supone se dedican a cuidar de este deporte más responsabilidad y cariño hacia él, cualidades que se suponen inherentes a ellos y sobre todo cuidemos el espectáculo no a costa de la seguridad de los ciclistas.

Wouter Weylandt, descanse en paz.

“Lucha, pues por mas que tengas
en la brega que sufrir,
cuando todo este peor,
mas debemos insistir”.

Rudyard Kipling

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Tour de San Luis: Sin prisa, sin pausa y sin pinganillo

Juan Curuchet  pisaba un poco el freno del coche de la organización para estar más cerca del pelotón y así yo podía tomar buenas fotografías. Ya no sabía si las hacía por necesidad informativa o como medida para no caer dormida ante los tranquilos y mortíferos 20 km/h que marcaba el ritmo del pelotón. Así, los escapados Rosendo y Lucero han llegado a alcanzar los 8 minutos de diferencia, algo heroico para estos dos `suicidas´que se han lanzado, con los dientes apretados y sin mirar atrás 130 km en solitario atravesando el viento casi huracanado que azota estos días la provincia de San Luis.

A pesar de la incertidumbre que ha existido hasta esta mañana sobre las consecuencias del reglamento UCI para las carreras de categoría 2.1 en las que está prohibido el uso de auriculares por parte de los corredores -algo que para los equipos profesionales no entra en vigor hasta 2012-  no ha habido manifestaciones de protesta salvo la decisión de Liquigas de no dirigir la carrera ni contar con coche auxiliar. Los corredores se han despedido de los auriculares en el mismo control de firmas bajo la atenta mirada de los comisarios. A pesar de ello, los dos tramos de arena en un momento bastante decisivo de la carrera no han hecho más que desequilibrar la balanza hacia los que lo consideran un artilugio necesario para la seguridad del ciclista. Ayer entre pizza y helado, debatíamos sobre esto Tondo, Lastras y yo. Misma opinión los tres y bastante compartida por la mayoría. Rosendo, actual líder de la montaña, se mostraba preocupado en meta por esto mismo: “es necesario que nos adviertan si corremos algún peligro” y como Tondo, se mostraba a favor de algún sistema intermedio que pueda funcionar y con el que todos estén contentos. Iván Basso en la rueda de prensa previa al inicio se mojaba algo menos “yo ya tengo muchas cosas en la cabeza entre entrenamientos y carrera. Los directores y managers deciden que hay que hacer y yo lo hago”.

De pronto, el último redbull (caliente) que quedaba se termina. No hay tragedia, sólo que los corredores escapados han sido absorbidos señal de que el pelotón empieza a moverse. A falta de 50 km el viento pega de lado y Curuchet desde el coche se lamenta de que no aprovechen el momento para `reventar´con los abanicos  “es una oportunidad que tienen que aprovechar, sobre todo los argentinos”. Después de tantas horas en coche acumuladas del año pasado y lo que va de este, me doy cuenta que Curuchet aplicaba su buen ojo para la táctica combinándolo con un lado `pillo´ (digámoslo así) y espabilado que sorprendía en el momento menos esperado. Y pum, sentenciaba.

Por fin emoción. El viento da latigazos al coche desde la izquierda y el cuenta kilómetros marca los 70km/h que unos valientes guerrilleros están imponiendo en el pelotón. Y aún quedan 20 km hasta meta. El efecto está conseguido y el pelotón queda troceado. El resultado es un podium a la italiana. Al ciclista del conjunto Androni Giocattoli, Roberto Ferrari, no le hizo falta más carrocería que la suya propia para proclamarse vencedor por delante de Maximiliano Richeze y Jacopo Guarnieri. El esfuerzo realizado por Rosendo y Lucero se ha visto recompensado con el maillot de la montaña y de las metas sprint.


Los podios y el público nuevamente no defraudan. El Tour de San Luis es todo un acontecimiento y el aliento del público sobrecogedor. Y es curioso, es una carrera en la que no se escucha ni una sola vez una queja de los corredores o staff técnico de los equipos. Y eso a pesar de que la etapa inicial siempre da lugar a errores e imprevistos sobre todo en países no tan acostumbrados a pruebas como esta de primer nivel. De pronto algún coche que aparece de la nada, o el comisario (el comisario!) se equivoca de dirección y sigue recto en una rotonda, el pelotón va solo durante 4km después de que se produzca la fuga y coches de carrera, policía y cámaras se `escapen´ con ellos (debían olerse lo de los 20km/h)…Nada que no se solucione fácilmente. El aura de optimismo es inquebrantable y la alegría de todos es lo que hace tan especial a esta carrera. Mañana se llega al Mirador de Potrero y la carrera comenzará a definirse. Y hablando de alegría,  el gran favorito para la general es Xavi Tondo.


 

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