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La moda eco del deporte

Por Laura Meseguer

“No es la apariencia, es la esencia.

No es el dinero, es la educación.

No es la ropa, es la clase.”

Coco Chanel

En enero de 2014 la moda de lujo y el deporte se daban la mano en la Semana de la Alta Costura de París. Durante el desfile de Raf Simons para Dior, el director creativo belga rompía moldes e introducía las zapatillas deportivas junto a sus vestidos de Alta Costura. Karl Lagerferld confirmaría la tendencia sobre la misma pasarela para Chanel con la top Cara Delevigne ataviada como la “novia sport”, luciendo unas zapatillas brillantes de deporte. Antes ya habían desfilado maniquíes con codilleras, tobilleras, mochila y zapatillas en todos los colores. Era oficial, la moda deportiva marcaría la tendencia en las próximas temporadas y así, firmas como Gucci, Ferragamo, Versace, Kenzo, Prada o Givenchi introducirían también el “prêt a sport” en sus colecciones.

En la moda está prácticamente todo inventado y cansados de revivals de los 60, 70 y 80, se han elevado a categoría de moda unas prendas que nunca lo han sido sino que eran prendas funcionales. En cierto modo es consecuencia del gusto por la vida sana y el deporte, tan de moda en los últimos años”, afirma la periodista Beatriz Miranda, redactora de “La Otra Crónica” en el diario El Mundo. Las deportivas brillantes de Chanel requieren 30 horas de trabajo artesanal y su precio ronda los 3.000 euros. La firma presentaba además sus veinte accesorios “sporty” entre los que se encuentran una bicicleta con alforjas de Chanel, una tabla de surf, un balón de baloncesto, esquíes, etc., al alcance de los bolsillos más exclusivos. Las previsiones hablaban de un aumento del 20% en las ventas de la colección estival de Chanel gracias a la línea deportiva fundamentalmente por sus zapatillas fetiche.

Sobre tejidos y prendas vintage

Miranda señala que así como la tendencia ha continuado en 2015, al menos en lo que a calzado se refiere, lo verdaderamente relevante de la inclusión del deporte en la moda son los tejidos, a los que las marcas deportivas y el deporte de alta competición dedican el 100% de sus esfuerzos.“Son los tejidos del futuro. Se hacen para resistir condiciones extremas por lo que son de muy buena calidad y resistentes. El neopreno, por ejemplo, es un tejido que se lava muy bien, aísla del calor y del frío y no requiere lavado”. Atendiendo a dicha tendencia, no es de extrañar que la multinacional sueca H&M encargase su colección cápsula de hombre y mujer para otoño-invierno al nortamericano Alexander Wang, conocido por su estilo deportivo y su gusto por la sastrería tradicional. Su línea va desde lo deportivo a lo urbano haciendo uso de materiales como el neopreno, polielastano y otros tejidos tecnológicos y prendas como mallas, pantalones cortos, tops, manguitos y perneras que recuerdan a las prendas compresivas, parkas, bolsas de gimnasia, shorts de boxeo, cinturones, vestidos, faldas y medias.

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Está sucediendo también en sentido contrario”, declara Juan Pablo Molinero, director de marketing del equipo Movistar. “Las marcas deportivas de toda la vida están creando colecciones de corte más urbano porque cada vez es más difusa la línea que separa la moda del deporte”. La inclusión de prendas deportivas en la moda cotidiana es una práctica que viene haciéndose desde hace años como las famosas zapatillas de Puma, inspiradas en la Fórmula 1, el polo de Lacoste, las Converse provenientes del baloncesto, las New Balance del atletismo, las Munich del balonmano, hasta un ejemplo más cercano como son las gafas espejo de Oakley en su modelo Frogskins que comenzó luciendo Joaquím “Purito” Rodríguez en el podio del Giro de Italia que estuvo a punto de ganar en 2012.

En el saber adaptarse radica el éxito de las marcas”, afirma Kiko García, Sports Marketing Manager de Oakley desde el año 2000. “En todos estos años he visto cómo la estrategia de Oakley se ha ido orientando a un deporte determinado. Los primeros años se identificaba con un tipo de deporte más radical como el surf, skate, BMX, etc. siempre adaptándose a las tendencias. La moda es un camino de ida y vuelta. Hay momentos en los que se recuperan cosas que ya se hacían hace años y hay otros en los que te tienes que ir a lo más tecnológico y novedoso”.

En el ciclismo, la épica del deporte unido a la tradición del mismo, ha hecho que las prendas retro hayan sido siempre objeto de deseo. Con la proliferación del ciclismo urbano, este gusto por lo vintage se ha convertido además en tendencia y muchas marcas comerciales han sabido ver el potencial de esta tribu urbana. ”Oakley aprovechó este gusto por lo retro con el 30 aniversario de la primera gafa deportiva de la marca, sacando una línea llamada ‘Heritage’ basada en recuperar los modelos que en su momento utilizó Greg LeMond como icono principal de la marca”.

Otra de las firmas líder en cuanto a diseño y alta calidad es la francesa Le coq sportif, a la que la tendencia vintage y sporty se les presenta como una oportunidad ya que llevan más de dos años apostando por ella en sus colecciones siempre fieles al chic francés. “Le coq sportif se caracteriza por ser una marca retro con una trayectoria histórica que la avala y que cuida hasta el último detalle, ofreciendo productos de alta calidad, seña de la marca desde siempre”, señalan desde su departamento de comunicación. Le coq sportif es el proveedor oficial de los maillots de los líderes en el Tour de Francia y Vuelta a España, así como en la cicloturista l´Etape du Tour. En L`Eroica, una cicloturista vintage que tiene lugar en la Toscana, la marca se reencuentra con su esencia: autenticidad, placer y valor. En su colaboración con la cicloturista, reedita el modelo Mérinos de aquellos primeros maillots de lana diseñados en los 50 para los corredores del Tour de Francia, y cuya estética está tan en boga estos días. El ciclista francés del equipo FDJ es su imagen de campaña.

En el ciclismo de competición es mucho más complicado hacer llegar cualquier tendencia por los intereses comerciales tanto de bicis, como de ropa y accesorios. Todos hemos visto que donde realmente hay potencial para mostrar la tendencia retro es en el ciclismo urbano, concluye Kiko García.

Mamil: Middle-aged men in lycra”

Más allá del ciclismo urbano, otro nicho donde abundan las barbas, las fixies y los hipsters, el gusto por la práctica del ciclismo ha hecho crecer una nueva generación fundamentalmente en Reino Unido, Australia y Estados Unidos, conocida como “Mamil”, acrónimo de Middle-aged men in lycra, (Hombres de mediana edad en lycra). Los “Mamil”, son hombres mayoritariamente entre los 40 y 60 años a los que les gusta montar en bicicleta dos o tres veces por semana, no escatiman en gastos a la hora de invertir en la mejor bicicleta y productos del mercado y en lucir ropa de ciclismo de buena calidad y con estilo. “Pertenecen al club de Strava, portan una Pinarello Dogma y lucen ropa de Rapha”, define el portal económico Bloomberg. Un nicho de mercado que no es nuevo pero al que las marcas han adaptado sus campañas de marketing debido a su crecimiento exponencial durante los últimos años. En Reino Unido comenzó a proliferar tras la victoria del ciclista con más estilo del pelotón Bradley Wiggins en el Tour de Francia, primer ciclista británico en conseguirlo, y tras los Juegos Olímpicos de Londres.

El ciclismo es el nuevo golf”, afirma Molinero. “Hay cada vez más gente con un poder adquisitivo medio-alto a la que le gusta practicar ciclismo. A esta gente no le vale una equipación cualquiera cuyo diseño sólo se basa en su funcionalidad técnica. Si han invertido mucho dinero y tienen un Jaguar en la puerta de casa esperándoles, tampoco quieren perder el estilo sobre la bicicleta”. Y un dato, en Estados Unidos, la práctica del ciclismo ha superado a la del golf como principal actividad de ocio, según un estudio de World Travel Market.

Ante esta creciente demanda de lujo, parece estar llamado el diseñador de moda británico Sir Paul Smith, apasionado del ciclismo, seguramente por su carrera frustrada como ciclista profesional al sufrir una caída mientras entrenaba cuando tenía 17 años. “Lo que perdió el ciclismo, lo ganó la moda”, se solía decir de él, hasta que poco a poco el mundo del ciclismo ha ido reclamando más y más los diseños del modisto. Basta con recordar los maillots del Giro de Italia en 2013 o los tres posters encargados por el gobierno británico para el pasado Tour de Francia que comenzaba en Leeds, para “remarcar la importancia cultural del Tour de Francia y su llegada a Reino Unido”, por nombrar algunos. Paul Smith presentó este año su primera colección de ropa ciclista denominada “531” en la que aúna el estilo urbano con ropa más propia de cicloturistas. Los precios oscilan desde los 125 euros por camiseta a los más de 400 por un chaleco. La campaña la protagoniza el ex ciclista escocés David Millar, un tipo con clase, rebelde, con aires de James Dean, con un pasado de éxito, excesos y dopaje y unos últimos años de clemencia. Aunque no se conocerían hasta años más tarde, Paul Smith, se ofreció a vestirle para el juicio en el que se le acusaba de haber utilizado sustancias dopantes en 2004 y tras el cual sería sancionado durante dos años. En 2012 volvió a vestirle para la presentación de su libro “Pedaleando en la oscuridad”, en el que Millar habla por experiencia propia de la época más oscura del ciclismo profesional y de su caída hasta lo más profundo del infierno.

Bradley 2015

En ciclismo, en estilo y diseño, los británicos son cabeza de lista. Mientras Wiggins se consolida como imagen de marca de la firma Fred Perry firmando en 2015 su octava colección con un toque menos mod y más hipster, la marca ciclista Rapha surgida en 2004, se ha convertido en referente de estilo en todo el mundo. En 2013 se convirtió en diseñador y sponsor de la equipación del equipo Sky, el galáctico del ciclismo profesional, que hasta entonces vestía Adidas. En petit comité, Mark Cavendish, ciclista del Omega Pharma-Quick Step que antes militó en el equipo Sky, se reconoce como puente entre la marca británica y el equipo a finales de 2012. “¡Justo el año que me voy a Omega Pharma – Quick Step!”. El esprinter británico tiene gusto por el buen vestir y es muy meticuloso con la calidad de los tejidos de su equipación. Por ello, no duda a la hora de dar sus opiniones al equipo y tampoco es de extrañar que las Converse que comenzó utilizando acompañando el atuendo de OPQS en hoteles y traslados las terminase solicitando como uso común para todo el equipo.

La tecnificación en la alta competición

De la calle a la alta competición, en este caso concreto, el ciclismo, Juan Pablo Molinero, afirma que el diseño está limitado a la funcionalidad de la prenda. No se trabaja tanto el diseño como en prendas termo inteligentes, que mantengan la temperatura corporal, que sequen rápido, que pesen poco, que permitan evacuar el sudor y con materiales de última generación. En el deporte de élite lo que se necesita es eso. Con el diseño se puede jugar en la ropa que la acompaña: la ropa de hotel, para viajar, la sudadera…”. La firma escocesa Endura, es la proveedora de ropa del equipo ciclista navarro y su marca de la casa es precisamente la inversión en innovación y desarrollo, pilar de la compañía desde su creación en 1992. Para ello, el equipo humano de Endura, desde el departamento de ventas, marketing y directores de producto, son ciclistas y además trabajan codo con codo con ciclistas profesionales, para escuchar sus necesidades y recibir sus valoraciones.

En el pasado Tour de Francia, Le coq sportif personalizó los buzos de contrarreloj para los líderes de la carrera en todas sus clasificaciones, ofreciendo un servicio inédito con materiales altamente técnicos a una selección de potenciales líderes tras el paso de la carrera por los Alpes, a los que les tomarían medidas atendiendo a sus preferencias en cuanto a comodidad, rendimiento y estilo. A esto se sumó la producción de maillots de líder personalizados en función de las condiciones meteorológicas y físicas de cada etapa.

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Ante el nicho de mercado que supone el ciclismo, la marca española Taymory establecida en Mataró y líder mundial en triatlón con tan solo tres años de andadura, ha iniciado su incursión en el ciclismo sobre uno de los pilares fuertes de la compañía: la adaptación y desarrollo de prendas personalizadas, ante la profunda tecnificación y la alta demanda del ciclismo profesional y de los practicantes. Su colección va desde lo vintage a otra con colores flúo en el que se puede leer en el dorsal del maillot “Keep distance” (mantén la distancia) para alertar a los conductores.

En una dirección o en otra, moda y deporte se dan la mano para responder a los nuevos hábitos de vida saludables de la sociedad, en la que el Fitness ha evolucionado a un término más global, el Wellness, para promover un bienestar más allá de lo físico a lo psíquico y emocional, buscando el equilibrio y la vida sana y en el que la mujer tiene cada vez mayor presencia. Se abandonó el chándal y la camiseta de Ron Barceló para ir al gimnasio. Ahora la gente quiere ir tan bien vestida practicando deporte que para salir a la calle”, afirma Beatriz Miranda. Gustos, bolsillos y deportes que encuentran en las grandes firmas de lujo, firmas de ropa convencionales y marcas deportivas la respuesta acorde a su demanda.

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Celebrando ‘a mi manera’

[Artículo publicado el 5 de julio de 2012 en Festina. This is our sport. Enlace original: http://blog.festina.com/2012/07/celebrando-a-mi-manera%C2%B4/]

El libro de ruta mostraba en la página de la quinta etapa al recientemente retirado Robbie Mcewen alzando los brazos en la meta de Saint Quentin durante la cuarta etapa del Tour de Francia 2006. Dos días más tarde haría triplete en Vitré y entraría en meta emulando a Jim Carrey en “Dos tontos muy tontos” cuando, agitando sus brazos, fingía estar corriendo dentro del coche; “parece como si fuese a una velocidad increíble, Harry”, decía el personaje. Era una apuesta que había hecho con Levi Leipheimer en marzo de aquel mismo año, durante la Tirreno Adriático. “Levi me pidió que celebrase de alguna manera, pero especial, como en la película. Estará contento. Ahora me debe una”. Seis años más tarde, el segundo “running man” entraba en la meta de Boulogne-sur-Mer. Esta vez fruto de una promesa con sus compañeros de equipo, Peter Sagan celebraba su victoria recordando a Forrest Gump.

Los originales modos de vivir la victoria tienen amantes y detractores. La celebración en meta con arrogancia y mala educación se paga. Aunque no existe un libro de estilo sobre cómo celebrar una victoria ciclista, sí existe una norma protocolaria básica, que se vea el nombre del patrocinador.  Hay quien además decide tener un guiño con la marca que les apoya, señalando su maillot o incluso besándolo. “Yo quiero ganar una etapa en línea para hacer el gesto de atender el teléfono”, decía en tono distendido Xavi Tondo tras su victoria en la contrarreloj en San Luis. “¡Que eso ya lo ha hecho Cavendish!”, contestaba uno de sus compañeros de la escuadra teléfonica. Mark Cavendish ha sido uno de los habituales en dar color a sus celebraciones aburrido del clásico alzamiento de los brazos, a pesar de que en los últimos años se muestre más comedido. Desde el corte de mangas en el Tour de Romandía, a romper en llanto en el Tour de Francia hasta hacer el caballito en La Vuelta a España. Impulsivo como es, sus celebraciones son un estallido de emociones.

La originalidad y el talento tienen un riesgo. Puede ocurrir como con El Pistolero, Alberto Contador, cuyo famoso y repetido gesto de disparar al aire puede ser el más ansiado del año por los seguidores tras los meses de letargo pero puede por terminar de cansar al madrileño ante su más que previsible lluvia de victorias que está por llegar. También puede ocurrir que a riesgo de querer ser original en cada victoria el público demande más y se acaben las ideas. Ya se espera una tercera victoria de Peter Sagan en el Tour y otro nuevo festejo que supere al anterior.

Escudados bajo el mérito otorgado por entrar el primero en meta, emulan a Frank Sinatra en su “I did what I had to do…I did it my way” y su imagen pasa a ocupar un lugar preferente en el álbum de la historia del ciclismo. En la retina permanecerá la entrada en meta de Carlos Sastre en el Tour de Francia en 2003 con chupete en boca en dedicatoria a su hija; la de Juan Antonio Flecha en la misma edición del Tour haciendo honor a su nombre, preparando el arco con los brazos para lanzar la flecha; la dedicatoria en el Giro de Lombardía de 2006 de Paolo Bettini alzando los brazos y la cabeza al cielo dedicándole en un mar de lágrimas la victoria a su hermano recientemente fallecido o el disparo en la meta de los Mundiales de Stuttgart dedicado a los que lanzaron una campaña de desprestigio contra él…

Hoy en Saint Quentin ha ganado André Greipel por segundo día consecutivo, imponiéndose sobre Goss y Haedo. Y discreto  como son sus celebraciones, con los brazos en cruz, y un toque de humildad respondía con paciencia a la siempre presente pregunta sobre Mark Cavendish que hoy quedaba quinto, “no sé por qué siempre me preguntáis por Cavendish si ya he demostrado que puedo batirle”.

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Leopard True Racing: Show must go on!!

El Tour de Francia ya nos da lecciones año tras año con sus presentaciones en el Palacio de Congresos de París. La exhibición de un mero escenario de la que va a ser, como cada año, la carrera más esperada del calendario, sirve para abrir boca de seguidores, medios, redes sociales y periodistas y, característica de la grande francesa, siempre para sorprender. Entonces empieza una cuenta atrás hasta que el show vuelve a comenzar. La emoción define en parte al deporte y con sencillez y buenas ideas se puede lograr toda la espectacularidad. El cóctel no es ningún misterio,sin embargo, ¿cuál es el misterio que no nos permite en España lograr conmover de esta  manera?

Lo del equipo luxemburgués es otra cosa. Los rumores ya comenzaron allá por el Tour de Romandía en abril. Nos sonaba a locura que un empresario quisiese crear un equipo entorno a dos talentosos corredores. ¿En ciclismo?! Para los agnósticos y para los soñadores, muchos rumores,  breves informaciones y misterio después, hoy se ha presentado el equipo capitaneado por los hermanos Shleck en Luxemburgo. Su nombre fue desvelado a medias durante las dos últimas semanas en una página aún en construcción que hacía de soporte digital donde poder adquirir las entradas de la presentación del 6 de enero. ¿Cómo? Debe tratarse de un error. ¿Pagar, no para ver ciclismo, si no para ver su presentación?. En un día todas las entradas estaban agotadas. En palabras de Rudyard Kypling, “piensa en grande y tus hechos crecerán”. Y es que gracias a una excelente labor del departamento de marketing del equipo luxemburgués, una brillante estrategia de comunicación coordinada entre equipo y patrocinadores, sin filtraciones a prensa y con base en crear expectación hasta el último instante, hoy la presentación del Leopard Trek Team nos ha dejado boquiabiertos a todos.

Su slogan, True Racing, transmite fortaleza, agresividad, confianza y realidad y  juega con los conceptos de verdadero y puro para dar una imagen de equipo fuerte  y limpio. Bien es verdad que el maillot ha dejado un tanto que desear sobre todo si se relaciona Leopard con el animal print que tan de moda está esta temporada y tendencias a parte, teniendo en cuenta que el pelotón va a ser una masa de azul, negro y blanco se esperaba algo más de creatividad. Aún así, es un ejemplo del saber hacer y del Profesionalismo que debería practicar cada equipo Profesional, sin escatimar sobre todo en ideas y en el equipo humano que pueda llevarlo a cabo. Y vuelven otra vez a mi mente todas las reflexiones que se me plantean cuando veo en un plano objetivo el ciclismo en España. Recuerdo risueña lo que me comentaba un colega italiano del gremio mientras caminábamos en un momento de descanso: “Es que en España siempre váis a lo gratis o a lo barato. En todas las facetas de la vida.  En el trabajo es común escuchar, “yo tengo un primo que te lo hace a mitad de precio””. De pronto se para frente a mí y exclama: “¡Es que yo no lo quiero a mitad de precio quiero un trabajo bien hecho!!”. Españoles…Y siento otra vez a Rudyard Kipling dándome con su dedo índice en mi hombro: “Piensa en pequeño y quedarás atrás”.


Mi experiencia en la parte de consultora de comunicación me sigue demostrando que la propuesta de proyectos fuertes y muy creativos no llegan a ningún sitio porque no existe en España este concepto de invertir en comunicación y publicidad y en querer hacer las cosas realmente bien. Siempre atentos a las cifras. Todo lo cual no termina más que siendo un bucle que afecta a los patrocinios que realizan esas empresas, véase en este caso los equipos, y que estos tengan que prescindir de este departamento y del que pienso que debería ser del todo imprescindible, el jefe de prensa. Pero lo más grave de toda esta pescadilla que se muerde la cola, es que, en el ciclismo, girando todo alrededor de la figura del patrocinador – nombre del equipo, imagen de los corredores…- no exista esta real preocupación en dar su mejor comunicación y presencia posible, en reverencia a ellos y en orden a lograr una relación duradera con los años.

Tras ver el excelente trabajo que el equipo inglés SKY ha realizado a un nivel tan profesional, marcando una pauta que no deberíamos perder de vista, siento verdadero entusiasmo por conocer las líneas que va a desarrollar el Team Movistar en la temporada que entra a efectos de comunicación y publicidad, así como el Leopard True Racing que tan sólo con su presentación y su creación de cuenta en twitter ha revolucionado esta tarde las redes sociales y medios de este deporte.

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El ciclismo en 2011, tendencia en moda!!

Ciclistas, seguidores de este deporte en el mundo entero, tened a mano vuestras prendas deportivas porque para la temporada estival de 2011 ¡el look ciclista estará de moda! Que no se asusten los que no se encuentren en tan buena forma y teman que sus cuerpos se vean “embutidos” dentro de esas ajustadas e imposibles prendas que puedan ser impuestas por los dictámenes de la moda, ya que las tendencias se inspiran y reinventan.  Y si no, no hay más que echar un vistazo a la apuesta para hombre de la firma italiana Moncler para el próximo año.  El escenario, el Velódromo Vigorelli de Milán, que se convirtió en pasarela improvisada de modelos transformados en ciclistas con aires vintage cuyas pedaladas enfatizaban los compases de  “I want to ride my bicycle” de Queen.  Los colores de la bandera francesa y el estampado de la bicicleta lo copaban todo: desde cascos, chubasqueros, mallas, guantes, calcetines y más y más capas de tejidos ligeros, como no podía ser de otra manera. Un claro homenaje al Tour de Francia con ciertos tintes rosados de la grande italiana. Es la excelente puesta en escena de la marca que, como ya hiciera Lacoste con otra campaña, de esencia igualmente retro, muestra lo que será tendencia para el año que viene.


Buena noticia para el ciclismo estar de moda sobre todo a efectos comunicativos, aunque el salto se produzca de la carretera a la pasarela. Siempre he observado un vacío importante en este sentido, sobre el que ahora tampoco cabe abrir el debate, pero sería un buen momento para aprovechar este tirón y desarrollar nuevas vías comunicativas y publicitarias: explotar la imagen del Tour de Francia  como propone Moncler, por ejemplo, repercute favorablemente también en la imagen del Giro y de la Vuelta; ver a alguno de los más famosos corredores vinculado a una marca importante, facilita el conocimiento y acercamiento por parte del público y se le otorga mayor grado de profesionalidad, que falta hace en lo que a comunicación respecta, en comparación al resto de los deportes.


Que el ciclismo se haya convertido en tendencia es porque, según la publicación electrónica capta tendencias Trendwatching, “es una manifestación de algo que ha liberado o atendido una actual necesidad, deseo, carencia o valor en los consumidores“. Y es que  se atisba cierta recuperación de su reputación tras sufrir unos años de descrédito por parte del público y de los sponsors, e importante señal de ello y por lo que debemos ser optimistas, es que,  las más temerosas y las que antes se desvincularon de él, las marcas, vuelven a apostar poco a poco por este deporte.

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Vollebak!!

Dicen los expertos y seguidores que hoy el súper héroe se ha convertido en hombre, que Lance Armstrong ha abandonado su pasado divino para acercarse a un presente más terrenal. La meta de la primera etapa de los Alpes, ha recibido más de diez minutos después del vencedor Andy Schleck, a una estrella apagada, que aún brillaba en la salida de la Station des Rousses, pero que tras tres caídas ha llegado fundida a Avoriaz. Mala suerte que se suele decir, pero a él le ha convertido en rey destronado,  en vieja gloria, en el veterano al que se le escapa el Tour. Un momento que tarde o temprano sabíamos que iba a llegar. Una imagen amarga, de fragilidad y flaqueza, que nunca gusta ver en los campeones de raza, tanto a simpatizantes como detractores. Una sensación extraña, de cierta melancolía que parecía marcar el final de una era. Pero de nuevo, uno vuelve a recordar lo que fue y sigue siendo, una leyenda viva y activa del ciclismo y al que alguna vez debemos agradecer  la recuperación de cierta esperanza y espectáculo en este deporte.

En estos días que estuve en el Tour, tuve la oportunidad de poder leer el libro de Johan Bruyneel, “El Arte de Ganar”, del que os dejo el fragmento sobre aquella imborrable ascensión de Lance Armstrong en Alpe d´Huez en 2001 que ayudó aún más a forjar al mito. La emoción e intensidad que transmite Bruyneel con este relato nos hace revivirlo desde el asiento de copiloto del primer coche de director. Un pequeño homenaje para rememorar momentos como estos que ha dado el americano a este deporte. En youtube tenéis las imágenes montadas con las de los sacrificados entrenamientos en condiciones bastante adversas que realizaron aquel invierno, que también recuerda el director belga en sus páginas.

“Mientras Lance luchaba por mantener el equilibrio en la bicicleta, de nuevo a punto de descolgarse del final del pelotón a medida que se empinaba la carretera de montaña, un equipo de televisión en motocicleta se colocó al lado del coche del equipo. Introdujeron un micrófono por la ventanilla abierta y, mientras conducía, oí cómo me preguntaban qué ocurría con nuestra superestrella.
Me encogí de hombros y dije:
—Sobrevivirá.

[…]
En el primero, el puerto de Madeleine, Lance iba hecho polvo en los pedales a la zaga de un pelotón menguante, impulsado cada vez más fuerte por Ullrich y su equipo.
Chechu Rubiera, uno de los pocos escaladores que nos quedaban en plenitud de condiciones, retrocedió desde donde se encontraba Lance y volvió al coche. Cuando lo vi por la ventanilla abierta en el lado del conductor, le dije:
—¿Cómo va la cosa?
Chechu echó un vistazo alrededor, con un gesto de inquietud en la cara, para asegurarse de que no hubiera otros corredores o medios en las proximidades. Estábamos solos, pero aun así se inclinó para asomar la cabeza. En un abrir y cerrar de ojos, una sonrisa aleteó en su rostro y desapareció.
—Va a salir volando —susurró Chechu—. Lance va a salir volando. Tranquilo.
Contuve la sonrisa.
—Perfecto —le dije. Con los ojos le hice señas de que volviese al pelotón.

[…]

Cuando nos acercamos al puerto de Alpe d’Huez, bramé:
—¡Lance!
Volvió pedaleando suave hasta el coche.
—Una cosa —le dije—. Cuando arranques, que sea vollebak.
Vollebak es un vocablo flamenco, mi lengua materna, una lengua que entienden muy pocas personas en el pelotón. Yo le había enseñado la palabra a Lance. Significa a toda máquina, al 110 por ciento, desplegando un esfuerzo excesivo. Tenía que reventar el Tour. Repetí:
—Vollebak. ¿Entiendes?
Cuando Lance está listo para abalanzarse, a veces adopta un semblante rapaz. Aquel día parecía rebosante de júbilo. Sonrió, le brillaron los ojos y, por un instante, se le cayó el disfraz de fatiga. Me dijo:
—Johan, vas a ver vollebak como nunca has visto vollebak.

Fue una escena muy bonita ver a Lance levantándose del sillín, pedaleando ya sin el menor resto de irregularidad, liberado de toda carga. Era agresión y gracilidad simultáneas, como el instante en que un guepardo se abate sobre una gacela. Así era Lance a pleno rendimiento, y nuestro plan en pleno apogeo. El Tour de Francia nunca había visto nada como este norteamericano, ni como nuestra estrategia.
Rubiera, Lance y Ullrich se abalanzaron por la carretera, distanciándose enseguida del resto de los corredores. De pronto Rubiera se retiró y apareció Lance en su lugar. Lance se volvió para mirar a Ullrich durante un lapso que, en tiempo de carrera, fue un largo interludio, pero tal vez sólo duró dos o tres segundos; precisamente a Ullrich, que hasta aquel instante creyó que iba camino de derrotar a Lance y ganar el Tour.
Entonces Lance salió disparado, como si quisiera arrancar las bielas de la bicicleta.
—¡Se ha descolgado! —grité extasiado al oído de Lance—. ¡Ullrich se ha descolgado!
Oía los comentarios en tono febril, pero sólo eran ruidos. Ante nosotros, la multitud de medio millón de fans se apartaba como el agua impulsada hacia ambos lados por la proa de una motora. Pero para mí todo era color y movimiento. Este momento, este acto de perfección deportiva, era todo lo que existía.
Lance alcanzó a Roux. Adelantó a Roux y luego elevó las manos, sumando su nombre a la lista de los que habían triunfado en la cima del legendario Alpe d’Huez.
Era el león del Tour de Francia, su patrón, su líder incuestionable”.

Johan Bruyneel, El Arte de Ganar.

(We might as well win)

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Y llegó el espectáculo del Tour

“En el Tour no dejamos tanto lugar a la improvisación como en la Vuelta” me comentaba un colega de la organización francesa con cara sorprendida en 2008 durante aquel ensayo de toma de posesión del 49% de ASO sobre la carrera española.

Tantas veces había oído hablar del Tour de Francia, tantos años lo había seguido, que sentía como si ya hubiese colgado de mi cuello la acreditación amarilla. Sin embargo, en Rotterdam me encontré una ciudad fantasma al caer la noche, blindada al tráfico desde 48 horas antes, que se preparaba para recibir a la serpiente multicolor, y cuyo único tráfico era la música proveniente de las bandas orquestales, que como pregoneros municipales, anunciaban la llegada del Tour de Francia a tierras holandesas.

A la mañana siguiente era el pistoletazo de salida con un prólogo de 9 km, que discurría por aquellas calles que horas atrás carecían de vida y ahora apenas había espacio en su pavimento para albergar a los millares de fieles seguidores que abarrotaban cada centímetro de recorrido. El paso entre los autobuses de los equipos, donde los corredores ya calentaban en sus rodillos, se complicaba debido a la lluvia y la cantidad de gente que frenaba su paso para ver, muchos de ellos por primera vez, a los protagonistas dando pedaladas a ritmo de la música proveniente de sus ipods y recibiendo las últimas indicaciones de sus directores. No querían que la lluvia y las curvas estropeasen toda la preparación de muchos meses para la gran carrera.

Tras el 5,4,3,2,1 y la bajada de la rampa, daban comienzo tres semanas de duro trabajo, que de momento, el aliento del público y la grandeza del Tour, hacían olvidar. Sin duda daba comienzo el mayor evento deportivo, con permiso del Mundial que estas semanas centra la actualidad, y la gran fiesta del ciclismo.

No había conocido anteriormente una organización semajante a la del Tour de Francia. Bien es verdad, que tanto control y limitación, hace muchas veces de impedimento para poder realizar bien el trabajo. No sólo para los “plumitas”, los propios corredores del Footon, todos ellos debutantes en el Tour como una servidora, me comentaban entre risas la negativa que encontraron de los agentes de tráfico de Rotterdam para poder reconocer el circuito la tarde anterior al prólogo. “Pero somos corredores del Tour de Francia”. Tuvieron que abrir una valla a escondidas…

Todo tiene su lugar y cada persona su sitio. Donde no diga tu acreditación que puedas pasar, no pasarás nunca. Y tal compleja y preparada organización sostiene un inmenso espectáculo. Difícil tarea fue la de contar los patrocinadores que tienen presencia sobre el fondo amarillo. La caravana, que este año cumplía 80 años, abre paso dos horas antes la carrera. Cada sponsor está representado; azafatas y azafatos hacen volar su merchandising hacia las cunetas en las que el público se agolpa. Veinte kilómetros de espectáculo que aumentan las ansias del público porque llegue el pelotón. En el village de la salida mimos, gigantes, burbujas, artistas y muñecos, aportan fantasía dentro del desfile de los stands de patrocinadores, en los que las sillas portan el nombre de los vencedores del Tour y las fotografías de los momentos más sensacionales de ediciones anteriores cuelgan de sus vallas convertidas en paredes.

La inmensidad del Tour no sería la misma sin la dureza de su recorrido. La exigencia de la carrera es la misma que tienen los organizadores con todo el entramado de esta ceremonia de tres semanas. Tras poder conocerla de cerca son muchos los planteamientos que me vienen a la cabeza con nuestra carrera española. Me pregunto acerca del grado de exigencia en su organización, la falta de compromiso serio con no sólo sacarla adelante cada año, sino darle el valor que debe tener, aportar la energía suficiente para afrontar el problema de que cada vez este país cuente con menos seguidores en el ciclismo, en el problema que es la pescadilla que se muerde la cola, a menos dinero, menos patrocinadores, menos show, menos seguidores…Confío en que es una dura lucha y tarea la que hay por delante, sumada a la crisis económica por la que atraviesa España, pero sumando el esfuerzo de todos, e incluso, aunque no sea amiga de los monopolios, la ayuda de ASO, podremos y debemos devolver a la Vuelta a España a aquel lugar de prestigio del que nunca debió salir.

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La víspera del Tour

Apenas levantó la cabeza del libro en las dos, creía, pesadas horas que debía esperar en el aeropuerto de Charleroi a su acompañante para tomar rumbo por carretera a Rotterdam. En la ciudad holandesa iba a dar comienzo 24 horas después la prueba ciclista por excelencia, el Tour de Francia, y para ella suponía su estreno en la ronda francesa.

A pesar de que su edad aún se podía considerar lozana, 26 años, llevaba muchos de ellos en los que no pasaba un día sin mantener algún contacto con este deporte: noticias, conversaciones, redes sociales…trabajo y pasión en uno, ¿hay alguna dualidad que se pueda disfrutar acaso tanto como esta? Una pasión que había nacido sola, como el caso imposible de un castaño que nace en medio del desierto. Igual de absurdo, contrariado y extraño. Su vida, que iba entonces por otros derroteros, un día se encontró con un deporte sacrificado, incomprendido, necesitado, complejo en mucha mayor medida que lo que aparenta, un deporte épico, un deporte espectáculo.

Las dos horas se habían convertido en tres. Las 100 páginas que había impreso para el viaje de la traducción aún no editada de El Arte de Ganar, se le habían quedado cortas. Esperaba poder encontrar un hotel donde poder imprimir algunas más, aunque el ritmo frenético de la carrera, visitas posteriores a hoteles, etc., no le iban a otorgar otras horas libres como las que estaba disfrutando en el aeropuerto. Lo que sí tenía claro es que quería regresar con esa primera página del libro firmada por su autor.

Su día a día comenzaba con un repaso a las últimas noticias a primera hora de la mañana, conexión a Twitter para comprobar el estado de los últimos debates abiertos sobre recientes acontecimientos, actualizar con algún artículo interesante, una pregunta abierta o entrar en un nuevo debate. Con todo ello, comenzaba su jornada laboral. En los descansos solía organizarse para las próximas carreras a las que debía asistir, comentaba con los colegas del gremio, contaba a la familia nuevas anécdotas; una conversación, en la mayoría de los casos, unidireccional por la ausencia de réplica y debate, para lo cual volvía a las redes sociales. Su vida era ciclismo 24 horas. Las personas con las que se relacionaba, las informaciones que seguía, las lecturas que realizaba, los planes que organizaba, los viajes, que cubrían el trabajo y uno de sus mayores hobbies, terminaban convirtiéndose en lo más cercano a vacaciones que tendría en todo el año…Era un “sacrificio” que disfrutaba teniendo, que aportaba ciertas complicaciones a su vida diaria, privada y vistas profesionales hacia cualquier otro sector en mejores condiciones que ese. Nada le hacía sombra. Pero era feliz con ello.

Levantó la mirada de su portátil y observó a su alrededor. El aeropuerto de Charleroi era pequeño. Pensó en qué hubiese sido de ella sin esas 100 páginas y sin ahora su portátil para poder descargar las ansias por llegar a la gran carrera. El vuelo de su acompañante se estaba retrasando más de lo previsto. No importaba. De lo improvisado del momento le vinieron a la cabeza sus padres, siempre preguntándose, sin manifestarlo, cómo, a dónde, con quién y hasta cuándo viajaba su hija menor. La duda se había convertido en costumbre al viaje “aventura” como, creo, que clasificarían ellos, y alguna vez, quizás a última hora, antes de cerrar la puerta tras de sí, su madre le preguntaría “¿tendrás donde quedarte y no irás sola, no?”.

Con la sonrisa aún marcada tras este pensamiento, observó la salida del último avión empezó a reconocer rasgos más blanquecinos, rosados, pelirrojos, rubios…sí, este último vuelo tiene que venir de Dublín seguro. Creo que mi espera no se va a alargar más. De pronto sale alguno que despista y otro despistado buscando con la mirada. Tomamos rumbo a Rotterdam.

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