Archivo de la categoría: Uncategorized

Tadej Pogacar: abran paso a la nueva sensación del ciclismo

Artículo publicado originalmente en la revista británica Cyclist. Link in english.

Escribir un artículo sobre el jovencísimo Tadej Pogaçar mientras el Tour de Francia atraviesa el Macizo Central supone re-escribirlo cinco o seis veces. Una buena idea es escribirlo en el día de descanso, como fue el caso. Cinco días más tarde se proclamó ganador del Tour de Francia con apenas 21 años. Pero entonces…

Tadej Pogaçar (1998, Komenda, Slovenia) está re-escribiendo el guión habitual del Tour de Francia en su debut en la carrera francesa. El joven de 21 años está siendo, para sorpresa de todos, el gran animador del Tour tras años de carrera controlada al milímetro por el anterior equipo Sky. Después de trece etapas, el esloveno ha logrado una victoria de etapa y ser segundo en la clasificación general a pesar de que en la séptima etapa se vio cortado por los abanicos y de no contar con un equipo como el que tiene Jumbo-Visma o Ineos Grenadiers, que además de arroparle le guíe en momentos clave de la carrera. Para estar en esta posición, ha demostrado ser el más valiente, o quizás el más fuerte, de los favoritos, a pesar de que él mismo comentaba de su debut en el Tour que vendría sin presión “para aprender, dar mi 100%, ayudar a mis compañeros y quizás probar hacer algo, pero el objetivo número uno es ganar experiencia”.

“El trabajo que desempeño me ha hecho tomar decisiones muy importantes siendo muy joven, si lo comparo con la vida que llevan mis amigos”

Es un talento natural al que se suma el coraje, la confianza y el instinto para saber moverse en carrera. “Creo que una de mis fortalezas es saber leer la carrera, pero no me pongo nervioso ni ataco sin sentido. Prefiero ver lo que hacen los otros y fluir”, dice Pogaçar. Para su director en UAE Team, Neil Stephens, “es un fenómeno. Muchas veces cuando recibo la información de radio vuelta, estoy pensando en decirle algo y él ya ha tomado la decisión adecuada”. Por eso, su segundo puesto virtual en la general del Tour a 40” de su compatriota Primoz Roglic, es en realidad una sorpresa a medias, ya que en 2019, en su primer año en profesionales, logró una victoria de etapa en cada una de las semanas de la Vuelta a España y fue tercero en la clasificación general, y comenzó este extraño 2020 con victoria en la Vuelta a la Comunidad Valenciana.

En las distancias cortas, Pogaçar es un chico sencillo, tímido, educado y con las ideas claras. Pocos meses después de su debut en el World Tour llamó la atención del mundo con su victoria en la general del Tour de California. Le siguió la Volta ao Algarve, otros buenos resultados en la Vuelta al País Vasco y los mencionados en la Vuelta a España. “El trabajo que desempeño me ha hecho tomar decisiones muy importantes siendo muy joven, si lo comparo con la vida que llevan mis amigos”, reflexiona. “Por fuerza, maduras antes, aprendes a trabajar con un grupo de gente, aprendes cómo funciona la vida y tienes muchas cosas que hacer en tu día a día”. A Stephens, le llama especialmente la atención lo maduro que es a tan temprana edad. “No es lo normal. Es muy tranquilo, independiente, reflexivo pero también escucha, hace caso y pregunta las cosas adecuadas, sin perder la iniciativa”. El salto de amateur al World Tour, no es sólo un salto de nivel, sino la entrada al mundo de los adultos. “En amateur competía con gente de mi edad, hablábamos de las cosas que solíamos hacer o que nos gustaban y ahora al llegar a este equipo todo el mundo es más mayor que yo, todos tienen sus propias familias, pero no me importa, sigue siendo una gran experiencia”.Tras su primer año con el equipo UAE, trasladó su residencia a Mónaco donde vive con su novia, la también ciclista, Urška Žigart, del equipo Alé BTC Ljubjana. Reconoce que al principio su mayor preocupación era encajar en su nuevo equipo. “Al inicio de la temporada estaba muy nervioso pero en la primera carrera en Australia enseguida comencé a encontrarme muy cómodo. Me sorprendí a mí mismo luchando muy pronto por puestos privilegiados de la general como hice en Algarve. Nunca imaginé o esperé tanto para mí. Siempre intento mejorar pero esto ha ocurrido muy pronto”.

Su gran deseo para 2020 era enfrentarse a Bernal y a Evenepoel. Con el colombiano lo está haciendo ya en el Tour de Francia, y para encontrarse con el belga tendrá que esperar a la temporada 2021 a que se reponga de sus lesiones tras su caída en el Giro di Lombardia. “Son los mejores contemporáneos y creo que sería una gran experiencia correr contra ellos”. Sin querer, esta generación de nuevos talentos ha desbancado a los veteranos que hasta hace dos días eran favoritos en las grandes vueltas y que de hecho aún se ven con posibilidades de ganarlas como Froome, Thomas o Nibali, sin ni siquiera tenerles en consideración. Atrás quedaron los años en los que se pulía a los jóvenes talento y se cuidaba de no darles un calendario extenso o exigente. Los jóvenes de ahora llegan listos para brillar gracias en gran parte a la profesionalización del campo amateur, en el que entrenan prácticamente como los profesionales. “En ese sentido yo también estoy aprendiendo con Tadej”, cuenta Neil Stephens. “Yo soy ya veterano y de la escuela de hacerles crecer poco a poco pero con Tadej aunque lo quiera llevar tranquilo él mismo se va marcando su propio ritmo. Le gusta dar su 100% sin dejar de disfrutar de la carrera, gane o no”.

Nunca imaginé o esperé tanto para mí. Siempre intento mejorar pero esto ha ocurrido muy pronto”.

A diferencia de cómo era el ciclismo de entonces, en el que en los equipos estaban muy marcadas las jerarquías y existía un código de respeto que los jóvenes debían acatar, Pogaçar, como sus sobresalientes contemporáneos, deben ocupar un puesto que en la teoría no les corresponde y sus compañeros veteranos deben procurar hacérselo al llegar al equipo ya con galones de líder. Es una situación similar a la que vivió en su día el desconocido Óscar Freire cuando llegó al todopoderoso Mapei como campeón del mundo con 23 años. “En el caso de Tadej la situación se ha ido desarrollando con naturalidad. Es muy bueno, y él lo sabe, pero a la vez es muy humilde y buen compañero. Los directores no le tenemos que marcar las pautas, él sabe cuando tiene que trabajar para un compañero o cuando le toca a él. Esto le va abriendo camino y le va dando libertad”.

En el podio de la Vuelta a España de 2019, Tadej Pogaçar disfrutó del himno esloveno que rendía homenaje al ganador de la ronda española, Primoz Roglic. Entre ambos están logrando abrir paso al ciclismo entre los deportes más populares del país como son sky jumping, football, basketball and handball. Cruzando el Macizo Central eran los más fuertes del Tour de Francia y continuaron siéndolo hasta el último día y a pesar de que puede parecer que había cierta alianza entre ellos, Pogaçar lo dejó muy claro al final de la etapa 15: “Quiero ganar el Tour de Francia”. Dicho y hecho.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Manuel Quinziato, el peregrino

Original article published in Cyclist, 6/4/2018: “Manuel Quinziato and his journey to Buddhism”

Imágenes Varanasi / Río Ganges: Laura Meseguer
Imágenes de archivo personal: Manuel Quinziato

El sol dora las aguas sobre el sagrado río Ganges en India durante el amanecer y comienza a calentar a los fieles que oran, se asean y lavan su ropa en los ghat o escalinatas de piedra que se hunden en el río. Más allá se encuentra el ghat Harishchandra, el ghat de las cremaciones, ya en plena actividad, mientras los turistas depositan sus guirnaldas de flores como ofrenda a la Madre Ganga, desde sus barcas en las que contemplan el despertar del lugar más sagrado del mundo. En Varanasi, la ciudad india que Mark Twain tildó de “más antigua que la historia, más antigua que las tradiciones y más vieja incluso que las leyendas”, el recientemente retirado del ciclismo profesional, el italiano Manuel Quinziato, tomó refugio tras un peregrinaje de tres semanas entre Nepal e India y se convirtió al budismo. Esta es la historia de un viaje que comenzó mucho antes de tomar aquel vuelo destino Kathmandú y que no tiene destino, sino un sólo propósito: “disfrutar del viaje”.

IMG_0383

Lo que más llamó la atención del ex corredor italiano en un inicio, fue la esencia práctica y experimental del budismo; la ausencia de un Dios y su enfoque científico. El budismo es una doctrina filosófica y religiosa no teísta. Se presenta como una liberación del individuo, que se convierte así en dueño de su salvación, a través de su purificación personal. El despertar espiritual de Manuel Quinziato (Bolzano, Italia, 1979) no cuenta con una fecha concreta. Bautizado como cristiano católico, reconoce que desde joven comenzó a distanciarse de la religión católica, por motivos que estaban lejos de lo espiritual. Es licenciado en derecho y después de 15 años en el ciclismo profesional decidió retirarse en 2017 y comenzar una nueva etapa como mánager deportivo.

Para entender su historia hay que remontarse al año 2012. Profesional desde 2002 en los equipos Lampre-Daikin, Saunier Duval-Prodir, Liquigas y BMC Racing Team, siempre tuvo un papel destacado como uno de los mejores gregarios del pelotón además de ser un gran contrarrelojista. En el primer trimestre de 2012 sintió que el estrés se apoderaba de él. No dormía bien, estaba nervioso, caía continuamente enfermo y llegó a sufrir ataques de ansiedad. Superó su límite cuando ese mismo año, tuvieron que operar a su padre del corazón, enfermo además de epilepsia. “Me dí cuenta de que no podía seguir así. Había llegado a ese punto por montar en bici…de locos”. Ávido lector y siempre curioso, comenzó a investigar qué le pasaba y llegó a la conclusión de que él era el causante de todo aquello. “Era mi cabeza, yo tenía la culpa de estar así y en mi mano estaba buscar la solución”. Un primer acercamiento al pensamiento positivo fue gracias al libro “El Secreto” de Rhonda Byrne. Le convenció para dejar de lamentarse por figurar como una posibilidad en la lista de 15 pre-inscritos del equipo para aquel Tour de Francia para confiarse dentro del “nueve” que lucharía por revalidar el título de Cadel Evans. “Desapareció el miedo y apareció la seguridad. Comencé a dormir mejor, a entrenar mejor, me convencí de que correría aquel Tour de Francia y así fue”.

Despertar espiritual

Señala que no es casualidad que los últimos cuatro años de su carrera deportiva hayan sido los mejores. Reconoce que el budismo le ha convertido en un mejor ser humano y automáticamente en un ciclista mejor ya que ha eliminado miedos y ha sabido enfocar mejor la energía. Comenzó a llamarle la atención leyendo sobre mentoring, coaching y business, ya que todo se relacionaba con las enseñanzas de Buda. En Madrid, donde vive con su mujer y su hijo, comenzó a conocer más sobre el budismo gracias a su fisioterapeuta que era Director del Centro Budista en la capital. En abril de 2015 fue a visitar el centro por primera vez aprovechando la visita de la venerable Robina Curtin, una monja budista australiana que le cambió la vida y le introdujo al budismo.

Trasladado al plano práctico, aquella monja le hizo ganar la contrarreloj por equipos del Mundial De Richmond a finales de septiembre. El jueves anterior a la contrarreloj, el equipo hizo dos reconocimientos del recorrido: una a medio gas y el siguiente a ritmo de carrera. En el último tramo de entrenamiento y tras seis minutos en marcha, con las piernas llenas de ácido, tuvo que parar. “Pensé: ‘ya está, le voy a hacer perder el Mundial al equipo’”. Desde su primer contacto con la monja, había continuado leyendo sobre Buda y sobre los pasos de la propia venerable Robina. Días antes de la prueba de contrarreloj por equipos, uno de los vídeos de la monja le interesó especialmente. “Era una explicación sobre cómo uno mismo se puede construir su propio infierno”, cuenta Quinziato. “Ella ha dicho: ‘sigue adelante con coraje y mente feliz’. Me dí cuenta de que tenía un miedo terrible a la carrera del domingo y no estaba disfrutando en absoluto del momento y de la fortuna de estar en Richmond. Calentando sobre el rodillo sólo me repetía “Coraje y mente feliz” a mí mismo y añadía “sabiduría” porque las dos alas del budismo son la compasión y la sabiduría. En carrera, si sólo tengo coraje y una mente feliz seguro que voy a salir demasiado fuerte y no voy a llegar al final, de ahí que necesite la sabiduría. Hicimos una contrarreloj perfecta y ganamos”.

IMG_0332B

El peregrino

“Manuel, ¿tú eres budista?”, le preguntó Vincenzo Nibali en aquel Mundial de Richmond. “’Sí’, le contesté. Y esa fue la primera vez que me reconocí budista, incluso para mí mismo”, cuenta Quinziato. No sería hasta dos años más tarde cuando el italiano se convirtiese oficialmente al budismo.

Se retiró a finales de 2017 y el peregrinaje se presentó como una oportunidad. Unos meses antes, la venerable Robina había pasado unos días por Madrid e invitó a sus alumnos a acompañarla en su peregrinaje de tres semanas por Nepal e India. El viaje comenzaría el 23 de octubre. A Quinziato la idea le atraía, sin embargo, nada más retirarse del ciclismo después de 15 años de carrera profesional, aventurarse en una peregrinación de tres semanas, le parecía un giro que no sabía cómo podría asimilar.

IMG_0753

Un día de junio de 2017, el sporting manager del equipo BMC y ex ciclista profesional, Allan Peiper, le llevó de vuelta al aeropuerto y Quinziato le confesó sus dudas sobre la oportunidad que se abría ante él. Peiper había viajado más de un par de veces a India durante un mes, meditó durante más de diez años dos horas al día y aunque estuvo a punto de quedarse a vivir en India, decidió regresar y aplicar lo que había aprendido en el deporte. Peiper no lo dudó ni un minuto: “Tienes que ir”, le dijo y a las pocas horas Quinziato recibió un email con un cambio de calendario. Ya no tendría que correr la Japan Cup. Vía libre. “Ya no me quedaban excusas”, cuenta entre risas.

El viaje comenzaría en Kathmandú, capital de Nepal. La ciudad envuelve desde un primer contacto: la gente, los colores, los olores, el tráfico, la actividad de cada metro cuadrado, el ritmo de la ciudad…Más adelante, Quinziato se daría cuenta de que Kathmandú es en realidad un remanso de paz comparado con las ciudades que se encontraría en India. El grupo pasaría cuatro días de retiro de meditación en el Monasterio de Kopan situado en la colina sobre el valle de Kathmandú, antes de continuar un peregrinaje siguiendo los pasos de Buda.

En el monasterio viven actualmente 400 monjes y es lugar de retiro y enseñanzas budsitas para gente venida de todas partes del mundo. Cada mañana amanecían temprano para meditar. A continuación tomaban desayuno y tenían enseñanzas hasta la hora de la comida con tan sólo una pausa para el té. Después de comer contaban con dos horas libres que podían utilizar para estudiar en la biblioteca del monasterio, dar un paseo tranquilo por los alrededores o descansar. Las enseñanzas continuarían hasta más allá la hora de la cena y el día concluiría con una meditación.

Las carreteras en India hacen que viajes de 150 kilómetros puedan tomar media jornada. A través de la ventana del autobús la India rural, esa que ha otorgado estabilidad al país a lo largo de toda su historia, atrae la atención. A ambos lados de la carretera la actividad no cesa y entretienen el viaje, mientras las vacas sagradas cruzan a sus anchas la carretera. Fueron doce días de viaje con casi 900 kilómetros recorridos siguiendo los pasos de Buda. Antes de llegar a India, visitaron la ciudad sagrada de Lumbini, donde según la tradición budista nació el príncipe Siddhartha Guatama que se convertiría en Buda y fundaría el Budismo después de descubrir las Cuatro Verdades. Ya en India, llegarían a Sravasti, para continuar por Kushinagar, donde murió Buda, Rajgir, donde Buda impartió muchas de sus enseñanzas, Bodh Gaya donde se cree que Buda alcanzó la Iluminación y desde allí tomarían un vuelo hasta la ciudad sagrada de Varanasi. Allí, visitarían Sarnath, donde se cree que Siddharta Guatama enseñó por primera vez el Dharma o enseñanzas budistas.

IMG_9442b

En Varanasi, última parada del viaje, Manuel Quinziato tomó refugio. Se conoce así en el Budismo “tomar refugio en la triple joya” cuando haces los votos para vivir según los cinco preceptos budistas: no matar, no robar, no mentir, no cometer adulterio y no consumir bebidas alcohólicas. Los días anteriores, al italiano le inquietaba no poder cumplir con uno de los preceptos: no mentir. En uno de esos viajes, se sentó junto a la monja y le confesó:

– “Voy a empezar una nueva etapa como representante de ciclistas y puede ser que en alguna ocasión me haga falta mentir para beneficiar al corredor, no porque quiera hacer trampa”.
– “Ponme un ejemplo”, le dijo la monja.
– “Tengo un corredor que vale 5 y sé que tengo cuatro equipos interesados. El primer equipo me ofrece 3, yo le puedo decir que hay un par de equipos que me ofrecen por él casi 5”.
– “No, eso no lo puedes hacer. No te hace falta mentir. Tienes que ser responsable de cada palabra que sale de tu boca. Si tienes que mentir te callas y cuando tengas algo que decir será para decir la verdad. La gente te va a creer”.

IMG_3474

“Me dí cuenta de que si tenía fe en los votos, sería mucho mejor representante”, concluye Quinziato. Su nueva empresa se llama Dharma Sports Managment. “Dharma son las enseñanzas de Buda y sus seis perfecciones son la generosidad, la disciplina, la concentración, la paciencia, el esfuerzo y la sabiduría. Todo ello tiene una perfecta aplicación en el deporte”. Sus primeros clientes son Matteo Trentin, Moreno Moser, Carlos Verona, Fran Ventoso, Jacopo Guarnieri, Davide Cimolai y Dario Cataldo.

Se reconoce como una persona mucho más atenta y feliz. “El ciclismo profesional te da una gran oportunidad de mejorar como atleta y como persona, de sobrepasar tus límites. Es tu mente la que elige cómo vivir esa experiencia. Y la verdad es que somos privilegiados. Nos han pagado mucho dinero por hacer lo que nos gusta. Si no estás contento con lo que tienes no vas a estar contento nunca”.

 

2 comentarios

Archivado bajo ciclismo, Uncategorized

Un oficio casi extinto

Se habla mucho en estos días de las grandes citas de los líderes del ciclismo para la temporada 2018. Antes de que saltase la alarma por el control analítico adverso de Chris Froome en la pasada Vuelta a España y que nos tiene a todos en vilo, el británico había confirmado su partipación en el Giro de Italia previo paso al Tour de Francia. Lo mismo que probó Nairo Quintana en 2017 con más pena que gloria. Unas semanas más tarde, el equipo Movistar anunciaba que irá con todo su arsenal al Tour de Francia. Esto es: Quintana, Valverde y Landa. No se puede hablar de tres líderes, pues el equipo señala a Nairo Quintana como el único, ni tampoco hacer mención a Alejandro Valverde o a Mikel Landa como gregarios o gregarios estrellas, por méritos propios. Yo los denominaré jokers, y es que en los tiempos que corren cada vez más equipos aspirantes a la victoria en el Tour están probando una nueva fórmula.

TDF_line_up_2017_xiro9s.jpg

Estos días publica el portal Cycling News que Geraint Thomas ha pedido al equipo contar con libertad para el próximo Tour de Francia. “En el Tour puede pasar de todo y ya hemos visto cómo Landa se comprometió con Froome en el pasado Tour y logró terminar cuarto. No podemos dar por hecho que Froome estará igual de fuerte y ganará de nuevo. […] Froome será el líder y yo iré a lograr el mejor puesto posible. Sobre todo durante la primera semana que habrá viento y pavé. Si me mantengo delante quizás pueda salir con una pequeña ventaja de tiempo después de las primeras nueve etapas de carrera”.

Si hacemos caso a esto y a que el discurso de Mikel Landa suena parecido, la jugada está echada. Será una oportunidad perdida si tanto gallo no se aprovecha para una buena estrategia de equipo. En cualquier caso es una pena que no vayamos a disfrutar de Alejandro Valverde en el Giro de Italia o centrado en la Vuelta de cara a la general y a preparar con garantías el Mundial. Valverde es un bien tan preciado y el Tour una victoria tan codiciada, que más vale su presencia en la ronda francesa que un podio o victoria en el Giro o Vuelta. Lo mismo ocurre con Landa. El Tour siempre será el Tour.

bettiniphoto_0306524_1_originali-e1513446954454

La pauta viene de nuevo marcada por el equipo Sky. En los últimos años su supremacía en el Tour de Francia ha provocado que el resto de los equipos aspirantes a la victoria en París se presenten en la carrera con todas sus bazas. Equipos que dejan vacantes las plazas de líder para el Giro y la Vuelta, para centrar todos los esfuerzos en el Tour. Gregarios que quedan fuera del “nueve” para el Tour para dejar su plaza y su labor a un líder oculto tras el papel de “gregario”. Sky ha revolucionado el tradicional concepto de equipo formado por un líder + ocho gregarios, para presentarse con una escuadra en la que prácticamente la mitad de sus corredores podría liderar otro equipo aspirante a la victoria. Su equipo para el Tour de Francia de 2017 lo completaba Geraint Thomas, ganador de la París-Niza en 2016, que lució el maillot amarillo durante las cuatro primeras etapas y terminó abandonando la carrera con fractura de clavícula; Michal Kwiatkowski, el ex campeón del mundo (¡ex campeón del mundo!) y ganador de la Milan-Sanremo y Strade Bianche en 2017; Mikel Landa, que quedó a un segundo del podio, Mikel Nieve que fue decimocuarto y Sergio Henao, ganador de la París-Niza en 2017. Completaban el equipo Vasil Kiryienka, ex campeón del mundo de contrarreloj, Luke Rowe y Christian Knees. Todos reconvertidos en gregarios.

En el pasado Criterium de Shangai hablaba de esto mismo con Rigoberto Urán, segundo en el pasado Tour de Francia y que ha militado en los equipos Caisse d´Epargne, Sky y Quickstep. “Ya no existen los grandes gregarios que conocí en mi época en Caisse d´Epargne. Ahora todos los equipos quieren corredores polivalentes que trabajen pero que también consigan resultados y lo que pasa es que a la hora de renovar sus contratos les resulta más difícil justificar su trabajo de gregario si no han conseguido además ese buen resultado”.

Se echa en falta la figura del gran gregario, que parece en extinción.  Recuerdo la época de Caisse d´Epargne con Txente García Acosta y  Pablo Lastras, ambos reconvertidos en directores de equipo en Movistar; Xabier Zandio, Luis Pasamontes, Fran Pérez, Joan Horrach, Iván Gutiérrez…¡Qué generación aquella! Fue escuela también para Joaquím Rodríguez, Rigoberto Urán, Vasil Kiryienka, David López, Dani Moreno y el recientemente retirado Alberto Losada, entre otros. Sin olvidar al equipo Euskaltel Euskadi.

316962_10150345653763473_961209729_n

Pablo Lastras era el referente dentro del pelotón internacional y la prueba del valor del oficio de gregario. Si gritaba “service” desde la cola del grupo, el pelotón se abría  en dos para darle paso cargado con bidones o chubasqueros para repartir entre su equipo. El respeto no se regala dentro del pelotón, pero en él confluía el conocimiento, el compañerismo y el respeto por el rival. Un gregario se tiene que ocupar de todo”, resume. “De la dirección del viento, del tiempo que va a hacer, de cómo le gusta el avituallamiento al líder, los bidones…saber dónde le gusta ir colocado, qué ropa le gusta llevar en una etapa de montaña, conocer la estrategia, el terreno…así el líder sólo debe preocuparse de ir concentrado”, me contaba. 

También me sorprendió mucho hablar con Igor Antón cuando fichó por el equipo Movistar en 2014. De su paso de líder a gregario contaba: “Aún estoy un poco verde en esta nueva faceta de gregario. Me fijo mucho en corredores con veteranía como Iván Gutiérrez y Pablo Lastras. No es fácil estar sólido las tres semanas, debes aprender a repartir los esfuerzos, a saber quién tira en el equipo en cada momento y guardar fuerzas para cuando llegue tu momento…

IMG_6831B

El ciclismo de galácticos se impone. Me quedo con una reflexión de Pablo Lastras. ”¿Por qué crees que somos -el equipo Movistar- cantera del equipo Sky? Porque se necesita escuela”. ¿Y qué haremos cuando ya no queden maestros?


Hacía un tiempo que no escribía por aquí…¡os invito a dejar vuestros comentarios!

1 comentario

Archivado bajo Carreras, ciclismo, gregario, Uncategorized

Bahamontes, el mejor escalador del Tour que no amaba el ciclismo

Las dos veces que me he encontrado con Federico Martín Bahamontes quedarán siempre intactas en mi recuerdo. Esta entrevista que reproduzco a continuación y publicada en la revista americana Peloton en 2014, se encuentra dentro de las mejores experiencias profesionales que he vivido en el ciclismo. Bahamontes es uno de los últimos testimonios del ciclismo de los años 50, época de posguerra y de hambruna. Sus anécdotas dejan boquiabierto a la vez que su hospitalidad, trato amable y campechano hechizan. Larga vida a ‘Fede’.

__

“Cuando pasas fatigas es la necesidad la que te obliga. Ahora están acabando con el espectáculo entre todos”

Por Laura Meseguer

“Si estuviese en el pelotón, ninguno de los grandes escaladores de hoy en día llegaría arriba conmigo”. Es Federico Martín Bahamontes (Toledo, España, 1928) Tan famoso como temido por sus ataques al inicio de un puerto, fue seis veces campeón de la montaña en el Tour de Francia (1954, 1958, 1959, 1962, 1963 y 1964) y el primer ciclista español en conquistar el maillot amarillo en París en 1959. Cuenta Bahamontes que desde que se retiró en 1965, no ha vuelto a tocar la bicicleta. “¿Cómo se mantiene en tan buena forma física?” Muestra las curtidas palmas de sus manos y afirma: “¡Trabajando, como he hecho siempre! Nunca tuve afición por el ciclismo, pero cuando pasas fatigas, es la necesidad la que te obliga”.

Crítico con el ciclismo actual, “están acabando con el espectáculo entre todos”, reconoce que tiró la bicicleta bien lejos cuando comenzó a llegar el dopaje al ciclismo y se retiró, aunque trata de eludir la referencia directa y amplia sobre el escándalo del dopaje actual.

A sus 88 años conserva un estado de forma y una memoria envidiables. Es alto, fibroso, camina erguido y deprisa. Habla sin cesar, con gestos vivos, ilustrando con toda serie de detalles lo que expone y mantiene el mismo nerviosismo que le animaba a escaparse cada día del pelotón para continuar la aventura en solitario.

Federico Martín Bahamontes nació unos años antes del estallido de la guerra civil española. La posguerra dejó a España dividida y sumida en la pobreza. Sus años de juventud los pasó en un país en reconstrucción, en el que se racionaban los alimentos, con malas infraestructuras, carreteras impracticables y donde el ferrocarril ni siquiera era una opción. “A las seis de la mañana entraba a trabajar en el mercado descargando bultos. Cobraba 15 céntimos de peseta de las de entonces, ahora no llega al céntimo de euro. Después cogía mi bicicleta de 12 kilos y me iba al mercado negro. Iba cargado con 30 y 40 kilos de alimentos que después revendía. Y eso lo hacía a las cuatro de la tarde. Por eso las etapas de calor se me daban tan bien, los machacaba a todos”.

IMG_6677_edited.jpg

Federico Martín Bahamontes en su oficina en Toledo. Noviembre 2016 (foto de archivo personal Laura Meseguer)

Ahí, afirma, se forjó el “Fede” que más adelante conquistaría la montaña del Tour de Francia y llegaría a ser conocido como el Águila de Toledo. “Parte de mi trabajo también era arrastrar una carretilla, que llegaba a pesar cien kilos para repartir verduras, por las empinadas cuestas de Toledo. Entonces no teníamos de nada. El que vive en la calle no se resfría, no necesita ir al médico, va descalzo y no le pasa nada. Cuando el cuerpo se acostumbra a sufrir, aguantas el sufrimiento mejor. De rico a pobre pasas muy mal, pero de pobre a rico pasa cualquiera”.

Su primera carrera llegó por casualidad. De regreso del estraperlo (la compraventa en el mercado negro), tras sesenta kilómetros cargado con la mercancía se encontró con unos amigos. “’¿Dónde váis?”, les pregunté. ‘A correr’. ‘Pues yo también me quiero apuntar’. Faltaban dos horas para que comenzase la carrera. Me prestaron un pantalón y una camiseta de baloncesto y cogí un plátano y un limón que me comí con cáscara por el hambre que tenía. Nada más bajar la bandera me escapé y gané la carrera con más de doce minutos sobre el segundo”.

Tras esta experiencia, y siempre en busca “de algo que echarme a la boca para comer”, se embarcó junto a dos amigos en un viaje de dos días en bicicleta para participar en la Vuelta Ciclista a Asturias de profesionales. Allí tuvieron que unirse a otros tres corredores para formar un equipo. “Quedaron eliminados en la primera etapa mientras que yo gané con una diferencia de seis minutos sobre los demás. Se me acercó el entonces seleccionador nacional, Julián Berrendero y me dijo ‘Tú, al Tour’. ‘¿Yo? Pero si no tengo maleta, ni ropa, ni dinero, ni sé francés’”.

IMG_20130702_164257

Bromeando durante nuestra primera entrevista en primavera de 2014 (foto archivo personal LMM)

De aquel primer Tour recuerda el largo viaje en tren, en un vagón de tercera categoría, “donde nos metían a portugueses y españoles. Llegábamos a París con las marcas de los asientos marcados porque eran de madera y en alguna parada aprovechábamos para afeitarnos con vino blanco”. Era el año 1954 y logró en su primera participación volver a casa con el maillot de campeón de la montaña. “Los primeros años me daban ‘pájaras’ (desfallecimientos) tremendas por olvidarme de comer. Tampoco teníamos de nada así que nos volvíamos locos por encontrar un bar en el que entrar a robar. Recuerdo como en Italia directamente cerraban los bares. ‘¿Y quién me va a pagar?’, preguntaban. ‘Torriani’, respondíamos, porque era el director de la carrera. Después, Vincenzo Torriani, nos ponía multas a los equipos para poder recuperar el gasto que le suponía nuestros robos. Una vez hasta dejaron a un grupo encerrado dentro del bar hasta que les pagasen. ¡Tuvieron que repescarles en la carrera, claro!”.

Bahamontes salta de una anécdota a otra, minutos más tarde vuelve a retomar el hilo. Aguanta pocos minutos sentado en la silla de su despacho, antes de volverse a levantar para ilustrar con las imágenes, perfectamente conservadas en álbumes de fotos, la anécdota que está contando.

IMG_6674_edited

‘Fede’ trasteando con sus archivos y fotografías. (foto archivo personal LMM)

“Fue el Tour de la famosa escena del helado. Me escapé con Leguilly, Lazaride y un belga. El coche del belga se acercó para decirle que no tirase, porque eso me favorecía, y al pasar a mi lado saltó una piedra y me rompió dos radios de la rueda trasera. Era un puerto corto, pero muy duro. Me fui solo y al coronar, como Berrendero no aparecía para arreglarme la avería, me paré. Como pasaban los minutos y ahí no aparecía nadie fui a un puesto de helados y me serví dos bolas de helado de vainilla. Catorce minutos después apareció el pelotón”.

Su empuje y ambición comenzaron a forjar la leyenda y en Francia empezaron a conocerle como “el Picador”, por su manera de levantarse en la bicicleta antes de asestar el golpe definitivo, como hace un picador ante el toro en una corrida taurina. “En Italia, los compañeros de pelotón me decían ‘vai via cretino, che ci fai morire’ porque sabían que atacaba de salida y dejaba al grupo hecho pedazos”.

“Era un ciclismo muy distinto al de ahora. Nos echábamos agua en las zapatillas por el calor, arreglábamos el sillín a martillazos, llegábamos a meternos 6 ó 7 en una bañera después de una etapa, los avituallamientos se ponían en un tablero como si fuese una boda, con bolsas con uvas pasas, higos, pollo frío -como te tocase un ala te morías de hambre- y pasteles de arroz”.

“El ciclismo ha cambiado para bien de los ciclistas, pero para mal para el espectáculo. ¿Te puedes creer que Contador dejase ganar a Andy Schleck en el Tourmalet en 2010? ¿Dónde está la garra? El deporte es competir. Y ese día le dije a Contador: ‘Te ha faltado darle un beso en la meta’. El ciclismo está más calculado, pero yo diría que está más amañado”.

Bahamontes puede resultar radical en sus planteamientos o parecer un romántico que anhela el ciclismo de entonces. Ni pinganillos, ni asistencia en carrera: “Se ha perdido el espectáculo del ciclista intentando arreglar él solo una avería. Ahora tienen sed, levantan la mano y tienen agua. Nosotros cogíamos el agua de donde bebían las mulas. Yo todo esto se lo he dicho a Contador”, continua el toledano. “Y cuidado con que haya quien dé positivo en los controles antidoping. ‘Volveréis a correr con zapatillas’ le digo”, refiriéndose a un regreso a los tiempos pasados, a los años más pobres del ciclismo.

No le gusta hablar sobre Lance Armstrong ni otros casos de dopaje: “Porque nos meten a todos en el mismo saco, y por ahí no paso. Mientras otros de mi generación ciclista llevan 30 y 40 años enterrados, aquí me ves, con 88 años. Y creo que no estoy mal, ¿no? En mi época no existía el dopaje. Cuando me iba a retirar fue cuando empezó a existir. Entonces cogí la bicicleta y la tiré bien lejos”.

Confiesa que para él la cafeína de un par de cafés o de un carajillo (café con brandy español) eran suficientes para darle fuerzas, como el día de la cronoescalada de Puy de Dôme, su puerto francés favorito. El 11 de julio de 1959 España entera esperaba la contrarreloj de 12,5 kilómetros tras la que presumiblemente se enfundaría el jersey amarillo de líder de la carrera. El sueño amarillo vino impulsado por Fausto Coppi. “Fuel él quien me convenció de que tenía cualidades para ganar el Tour si no me centraba sólo en la clasificación de la montaña. Fue durante una cacería de liebres con galgos a la que le invité junto a Poblet, Geminiani y Van Looy. Me fichó para su equipo Tricofilina Coppi y cambié de mentalidad. Llegué al Tour del 59 en forma. Iba fuerte en el llano y en la montaña subía hasta sin manos. Esa conversación con Coppi fue clave en mi carrera”.

Se proclamó ganador del Tour de Francia el 18 de julio de 1959, veinte años después del Alzamiento Nacional que llevó al aplastamiento de la república democrática por el general Francisco Franco. España entera esperaba su regreso. Desde Madrid se le rindieron honores en su recorrido hacia Toledo, unos 90 kilómetros, que tardó en completar cinco horas y a cuya estela seguía una caravana de tres kilómetros de automóviles.

Tras su victoria en el Tour de Francia, logró dos podios más en 1963 y 1964, además de conseguir el maillot de la montaña durante tres ediciones. “Todas las carreras en las que he competido y completado he ganado la clasificación de la montaña. Y eso nadie lo ha conseguido. Tengo el récord de haber coronado en solitario el Tourmalet cuatro veces y otras tantas el Aubisque”.

IMG_6687_edited

Con ‘Fede’ el pasado mes de noviembre en su oficina en Toledo

Desde que Federico Bahamontes se retiró en 1965 no ha vuelto a coger la bicicleta: “Me lo ordenó mi padrino. ‘Es hora de retirarse, Fede’. ‘¿Ahora que cobro el doble?’, le pregunté. ‘Precisamente, ahora que estás en todo lo alto es momento de dejarlo y montar una tienda de motocicletas y bicicletas’. Y así lo hice”.

Federico Bahamontes, “Fede”, es uno de los personajes más queridos y respetados de la historia del deporte de España. Personaje espontáneo y apasionado, se convirtió en el símbolo deportivo de toda una época. “Junto con el torero Manuel Benítez ‘El Cordobés’ y el Real Madrid. Pero ojo que yo soy del Fútbol Club Barcelona”, concluye con desparpajo.

6 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

Ese laberinto llamado Tour de Francia

Segundo día de descanso en el Tour de Francia y se siente como si fuesen seis las semanas que cargamos en las espaldas. Siendo prácticamente el mismo trabajo, los mismos traslados y el mismo trajín que en las otras grandes vueltas, el Tour de Francia es tres veces más agotador que ninguna de ellas aunque tremendamente gratificante. El punto común para corredores y periodistas es el estrés -“la superviviencia”, como dice mi compañero Christian Chambres- derivado de la responsabilidad. El Tour es el tercer evento deportivo más grande del mundo tras los Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol y ello nos exige a todos ser excelentes en nuestro trabajo, para estar al nivel de la carrera y de los millones de espectadores que nos ven cada día. Las audiencias internacionales de estos días en Eurosport hablan de cifras récord.

IMG_20150712_220837El Tour te atrapa. Aquellas vallas interminables que cada día vamos encontrando en el camino con un gerndarme que cruza los brazos y dice “fermé” (y es un “no” rotundo, aquí no se negocia), dan la sensación de acorralarte durante las tres semanas que dura la carrera, física y  mentalmente. Es difícil pensar en otra cosa que no sea el Tour. Igualmente complicado es intentar sacar la vista fuera de aquel laberinto y ver el escenario real sobre el que estás. Hace unos días me encontré en la zona mixta haciendo las entrevistas después de la etapa sobre un paso de peatones y bajo un semáforo. Otro día en la zona técnica había una parada de autobús. Kioscos, buzones de correo…Todo ello queda atrapado bajo la inmensidad del escenario del Tour y entre camiones, pasillos de vallas y fondos amarillos, desaparece. Miro con envidia a los vecinos asomados a sus ventanas observando todo el escenario en su conjunto. La misma sensación, pero a la inversa, tengo cada vez que cruzo la Plaza de Cibeles en Madrid. “Es curioso que en este trozo de asfalto han levantado los brazos Peter Sagan, Michael Matthews, John Degenkolb, Tyler Farrar…”. Y qué distinto parecía entonces.

Esas mismas vallas del Tour nos hacen entrar en bucle escuchando el mismo mensaje repetido cien veces. Lo gratificante de trabajar en un medio estrictamente deportivo es que se habla de la competición atajando los “dimes y diretes”. Así cuando te acercas a algún autobús para “hablar de la etapa de hoy”, recibes alguna cara de sorpresa. Parece que estos últimos días se ha hablado poco de ciclismo en el Tour.  En nada llegan los Alpes reclamando su protagonismo.

El Tour de Francia es un laberinto exigente pero delicioso. De nuestra habilidad (la de todos) e interés dependerá que el camino hasta París se convierta en una oportunidad y una nueva lección de vida. Eso sí, en mi caso recordaré más las experiencias, que los escenarios. ¡Que alguien me acerque una escalera para asomarme!

cav

¡Seguimos!

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Vietato introdurre biciclette. Relato de Julio Cortázar

Los-escritores-y-las-bicicletas--de-Julio-Cortazar-a-Tolstoi“Historias de Cronopios y famas”. 1962

En los bancos y casa de comercio de este mundo a nadie le importa un pito que alguien entre con un repollo bajo el brazo, o con un tucán, o soltando de la boca como un piolincito las canciones que me enseñó mi madre, o llevando de la mano un chimpancé con tricota a rayas. Pero apenas una persona entra con una bicicleta se produce un revuelo excesivo, y el vehículo es expulsado con violencia a la calle mientras su propietario recibe admoniciones vehementes de los empleados de la casa.

Para una bicicleta, entre dócil y de conducta modesta, constituye una humillación y una befa la presencia de carteles que la detienen altaneros delante de las bellas puertas de cristal de la ciudad. Se sabe que las bicicletas han tratado por todos los medios de remediar su triste condición social. Pero en absolutamente todos los países de esta tierra está prohibido entrar con bicicletas. Algunos agregan: (y perros), lo cual duplica en las bicicletas y en los canes su complejo de inferioridad. Un gato, una liebre, una tortuga, pueden en principio entrar en Bunge & Born o en los estudios de abogados de la calle San Martín sin ocasionar más que sorpresa, gran encanto entre telefonistas ansiosas o, a lo sumo, una orden al portero para que arroje a los susodichos animales a la calle. Esto último puede suceder, pero no es humillante, primero porque sólo constituye una posibilidad entre muchas, y luego porque nace como efecto de una causa y no de una fría maquinación preestablecida, horrendamente impresa en chapas de bronce o de esmalte, tablas de la ley inexorables que aplastan la sencilla espontaneidad de las bicicletas, seres inocentes.

De todas maneras, ¡Cuidado, gerentes! También las rosas son ingenuas y dulces, pero quizá sepáis que en una guerra de dos rosas murieron príncipes que eran como rayos negros, cegados por pétalos de sangre. No ocurra que las bicicletas amanezcan un día cubiertas de espinas, que las astas de sus manubrios crezcan y embistan, que acorazadas de furor arremetan en legión contra los cristales de las compañías de seguros y que el día luctuoso se cierre con baja general de acciones, con luto en veinticuatro horas, con duelos despedidos por tarjeta.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Hemingway: El velódromo de Hiver

Vel_dHiv

París era una fiesta. 1964. Extracto.

El ciclismo resultó una cosa nueva y muy divertida, y como no sabía nada de aquello la novedad me fascinaba. Pero no tomamos en seguida la afición. Llegó más tarde, y al fin ocupó un puesto importante en nuestra vida, algún tiempo después, cuando todo lo del primer período en París se nos vino al suelo.

Pero, por un tiempo, nos bastó con quedarnos en nuestro barrio y no tener que atravesar París para ir a los hipódromos, y apostar sólo por nuestra vida y nuestro trabajo y por los pintores amigos, y no basar la vida en un juego de azar disfrazado con otros nombres. He empezado muchas veces a escribir un cuento sobre carreras de bicicletas, pero nunca me ha salido ninguno que fuera tan bueno como son las carreras, las de velódromo cubierto o al aire libre tanto como las de carretera. Pero algún día lograré meter en unas páginas el Vélodrome d’Hiver con su luz que atravesaba capas y capas de humo, con la pista de madera y sus empinados virajes, y el zumbido de los tubulares sobre la madera cuando pasaban los ciclistas, y el esfuerzo y las tácticas y los corredores desviándose arriba o abajo en la pista, convertidos en una parte de sus máquinas. Lograré meter la impresión fantástica del medio fondo, el ruido de las motos de los entrenadores con sus rodillos, y los entrenadores con sus pesados cascos y sus teatrales trajes de cuero, que se inclinaban hacia atrás para proteger a los ciclistas de la resistencia del aire, y los ciclistas con sus cascos ligeros que se pegaban a los manillares, sus piernas que hacían girar a gran velocidad los pedales, y las pequeñas ruedas delanteras se pegaban al rodillo de la moto tras la cual se abrigaba el ciclista, y los duelos en que se alcanzaba el colmo de la excitación, con el petardeo de las motos y con los ciclistas corriendo codo a codo y rueda a rueda, arriba por el peralte y lanzándose abajo y dando vueltas a una velocidad como para matarse, y de pronto un hombre que no podía sostener la velocidad y se descomponía, y se le veía chocar brutalmente contra la sólida muralla de aire de la que hasta entonces había estado separado.
le-v.lodrome-dhiver-vel-dhiv
Había tantas clases de carreras. Los sprints por eliminatorias hasta llegar a la carrera final, en los que los dos corredores retenían durante largos segundos su velocidad, cada cual esperando que el otro guiara el sprint y así obtener un abrigo inicial, y luego las vueltas a medio paso hasta la zambullida final en la fascinadora pureza de la velocidad. Había los programas de carreras a la americana, con sus series de sprints que llenaban la tarde. Había las hazañas de velocidad absoluta, cuando un hombre corría solitario durante una hora contra el reloj, y había las terriblemente peligrosas y hermosas carreras de cien kilómetros en los grandes peraltes de madera de la pista de quinientos metros del Stade Buffalo, el velódromo al aire libre en Montrouge donde se hacían las carreras tras moto. Estaba Linart, el gran campeón belga a quien llamaban el Sioux por su perfil.que agachaba la cabeza para sorber aguardiente caliente por un tubo de caucho unido a un termo que llevaba debajo del jersey, y así cobraba fuerzas para el terrible arranque de velocidad de sus fines de carrera. Había los campeonatos de Francia tras moto, en la pista de cemento de seiscientos sesenta metros del Parc des Princes, en Auteuil, cerca del hipódromo, que era la pista más peligrosa de todas, y allí vimos un día caer al gran corredor Ganay, y oímos cómo se le aplastaba el cráneo dentro del casco, tal como uno aplasta un huevo duro contra una piedra, en una merienda en el campo, para quitar la cáscara. Tengo que escribir sobre el extraño mundo de las carreras de seis días y las maravillas de las carreras por carretera en la alta montaña. El francés es la única lengua en que se ha escrito bien sobre esto y los términos son todos franceses, y por eso es difícil escribir en otra lengua.

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

Pedro Horrillo y 2666

Processed with VSCOcam with m3 preset

Recuerdo aquel 27 de abril, cuando hicimos un pequeño corro con Pedro Horrillo y el ex ciclista reconvertido en periodista, el holandés Thijs Zonneveld. Acababa de terminar la gala de clausura de la cuarta edición de la Mallorca 312, marcha cicloturista en la que estoy a cargo de la comunicación y el protocolo. A esa gala, a la que siempre llego atacada después de una semana intensísima de trabajo, le sigue la sensación de bienestar – ¡y que dure!- por que todo haya salido según lo esperado. Por eso bajar los tres escalones del escenario y encontrarme con Pedro y Thijs en el primer momento de relax en siete días, no podía ser más oportuno.

 Esas charlas tranquilas y amigables con alguien con quien tienes buena sintonía, son la ventana perfecta para desconectar del trabajo y volver a ser persona, más allá de periodista. Un café improvisado tras la salida de etapa, una charla en el hall del hotel…Los escenarios, eso sí, suelen estar bastante limitados. Aquella con Pedro y Thijs fue una de esas conversaciones que se agradecen y no se olvidan. Comencé preguntando a Thijs, alma mater del proyecto casi de ciencia ficción, sobre el punto en el que se encontraba la creación de una montaña en Holanda. Las conversaciones se hilaban unas con otras con naturalidad. Entonces Pedro echó mano a su móvil para mostrarnos las fotografías de la peregrinación que había llevado a cabo en otoño de 2012. “He cerrado el círculo”, nos explicaba, aunque aún quedaba mucho por entender. El 16 de mayo de 2009, camino de la meta de la octava etapa en el Giro de Italia, perdió el control de su bicicleta y cayó por el barranco en Culmine di San Pietro. Volvió a nacer. De aquella peregrinación, “una catarsis propia” en palabras de Pedro, hablo en un artículo bajo el nombre “Pedro Horrillo, el peregrino” en el número 61 de la revista Pedalier.

Sin embargo aquella peregrinación en la que se enfrentaría a sus miedos y se reencontraría a sí mismo, fue el final de un viaje que comenzó mucho antes. No fue un camino fácil y fue curioso descubrir, meses más tarde, tirando del hilo, que la llave para poder emprender aquel viaje se encontraba en la relectura de la novela póstuma 2666 del escritor chileno Roberto Bolaño. Un libro que había dejado a medias, en la página 656, en el asiento del autobús del equipo Rabobank antes de partir al control de firmas de la octava etapa en 2009 y al que estaba totalmente enganchado.

“La aclamada novela “2666” del escritor chileno, prematuramente fallecido, Roberto Bolaño fue el primer objeto personal que Pedro Horrillo pidió al despertar del coma en el Ospedali Riuniti di Bergamo. A pesar de la urgencia inicial, el libro permaneció en su mesilla de noche, incapaz de enfrentarse a él. Él mismo se daría cuenta en aquella camilla de hospital, que sería la llave que abriría la puerta a miedos y fantasmas pero a la vez el arma para cerrar heridas y proseguir con el viaje. Aún era pronto para ello”.

“[…] En la cama del hospital intentó continuar su lectura a partir de la página 656. “Leía un párrafo y la cabeza me volvía atrás irremediablemente, a la angustia y el dolor”. Un sufrimiento fruto de sus vivencias morfínicas en la UVI del hospital italiano, “tan reales como cualquier otro recuerdo de mi pasado”. No fue hasta que llegó a Pamplona, un par de meses más tarde cuando empezó a darse cuenta que todo aquello vivido durante semanas en el hospital, con personajes reales y que tanta angustia le provocó el sentirse en medio de un complot por la negación de todos, había estado inducido por la morfina y nunca había ocurrido realmente”.

Estos párrafos pertenecen al artículo “2666. El viaje de Pedro Horrillo”, que saldrá publicado en el noveno número de la revista holandesa Soigneur. Gracias a este encargo pude sumergirme en aquel “Universo Bolaño”, que denominó Pedro Horrillo. Hace un año yo misma apuraba las últimas páginas de 2666 entre San Pedro de Atacama y Santiago de Chile. En febrero de este mismo año, Pedro y yo mantuvimos una charla de más de tres horas en las que me invitó a revivir aquel viaje. Una historia apasionante, profunda e íntima. Y como ocurrió con el suyo, mi libro también continúa en mi mesilla de noche, “como un amuleto, un objeto fetiche”.

 

 

1 comentario

Archivado bajo 2666, ciclismo, Cicloturismo, Mallorca 312, Pedro Horrilllo, Rabobank, Roberto Bolaño, Thijs Zonneveld, Uncategorized

La oportunidad del Tour de Francia

¡Qué oportunidad la de descubrir cada año algo nuevo en este trabajo! Así llegó en julio mi primer Tour de Francia con Eurosport Internacional. Si bien ya había cubierto la carrera francesa en 2012, tan sólo un cambio en la acreditación que llevas colgada al cuello, permite ver la carrera desde muy diversos ángulos a la vez que te pierdes otros tantos. Un ejemplo: el apenas cruzarme con los compañeros de prensa escrita y de la radio en toda la carrera. Tal es la inmensidad del Tour que cada uno tiene su propio camino y lugar. Ya lo advertí por el último mail que recibí de Eurosport antes de llegar a París para comenzar la travesía hacia Leeds en el que se incluía en copia a más de veinte personas que trabajaríamos codo con codo en la carrera. Terminamos siendo treinta. Y es que el Tour es el Tour. El tercer evento más grande del mundo después de los Juegos Olímpicos y los Mundiales de Fútbol. Era bastante frecuente perderse entre los camiones de la zona técnica sobre un suelo cableado y en el que en cada carpa se hablaba un idioma diferente. ¡Bonjour! ¡Hi! ¡Ciao! ¡Hej der! ¡Hola! ¡Hallo!

cableado

El grupo de reporteros de la mañana lo formábamos Vincent Renault, periodista de larga experiencia cubriendo el ciclismo para Eurosport, y yo, acompañados por los cámaras Darryl Kibblewhite y Sam Guillemot, además de Josselin Riou. Josselin era el “runner” o “stagiere” como le llamábamos con cariño. Con 17 años, este ciclista y futuro periodista, ha tenido la oportunidad de vivir el Tour de Francia desde dentro, tener contacto directo con los ciclistas y jefes de prensa de los equipos y aprender -espero!- de los que formábamos parte de Eurosport. Cada mañana nos reuníamos en el village del Tour donde tienen presencia a través de sus carpas los patrocinadores de la carrera y donde puedes desayunar gracias a la selección de embutidos, dulces y frutas que ofrecen unos puestos como si de un mercado se tratase. Así, la preparación del día y la espera de la llegada de los autobuses de equipo se hace más llevadera. Allí, además de leer la prensa decidíamos las entrevistas que irían para la introducción del programa LeMond on Tour y las que irían en el directo durante la etapa. Las entrevistas, como pasa en todas las carreras, llegaban a última hora tras minutos y minutos de espera, y todas a la vez. Y es que al final las carreras se tratan de eso: horas de coche, horas de espera para minutos intensos de entrevistas.

Sale la etapa y de vuelta al coche no sin antes sacar la fotografía diaria “Playing with Greg Lemond” parodiando su imagen en los coches de Eurosport y que recogería el periódico Le Figaro en su web: Funny LeMond on Tour photos. Cada tarde el propio Lemond nos recibía en la carpa de Eurosport con su enorme sonrisa: “La foto de hoy  me ha gustado, aunque si fuese yo quien tuviese que hacerlas me pasaría mucho más”, confesaba tras haber visto la foto de mano de Kathy, su mujer. El matrimonio perfecto, les decíamos. En la mirada de ambos, un amor que parece haber surgido ayer, al igual que las risas que siempre les acompañan. Merecen un capítulo a parte al igual que todo lo vivido con ellos estos 25 días. Sin duda lo que más me ha llamado la atención es la admiración que despierta Greg Lemond en todo el mundo, sobre todo en los propios ciclistas. Cada corredor que vino a participar al programa tras la etapa, compartió fascinado la foto del momento en las redes sociales. Sin olvidar a Vincenzo Nibali, vestido de amarillo, recién proclamado ganador del Tour, y como el niño buscando la aprobación de los padres, preguntando entre bambalinas tras su entrevista en los Campos Elíseos, si a Greg le había gustado cómo lo había hecho en el Tour. Formidable.

Las tardes se pasaban en la carpa de la zona técnica por donde de vez en cuando se dejaba ver Sean Kelly en busca de café para su compañero comentarista Carlton Kirby. Durante los últimos kilómetros pasábamos a la zona mixta “Live TV” para las entrevistas tras la etapa y donde compartíamos espacio con la televisión danesa, noruega, inglesa y norteamericana. Dos preguntas cada uno y a rezar por que los corredores quisieran explayarse. Posteriormente los ciclistas serían entrevistados por el resto de televisiones sin señal en directo, radios y diversos medios impresos…un vallado interminable que a los corredores se les antoja eterno pero que responden de buen gusto, forma parte de la mayor carrera del mundo. Las noches, aquellas en las que no me quedaba en el hotel sin cenar fruto del agotamiento, se acompañaban de buen vino francés, foie y confit de pato y relajados reíamos recordando las anécdotas del día.

Casi quince días de lluvia, cuatro de barro, uno de frío y un par de mucho calor, han dado pie a todo tipo de anécdotas, muchas veces surrealistas en un escenario que es un show animado por el mejor público, un “circo” ambulante que se suele decir, y en el que realmente puede pasar de todo. Un lugar como ninguno para aprender y crecer profesionalmente, y si se tiene la misma suerte que nosotros, disfrutar con los compañeros de la aventura. ¡Nos vemos en La Vuelta a España!

 

 

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

Celebrando ‘a mi manera’

[Artículo publicado el 5 de julio de 2012 en Festina. This is our sport. Enlace original: http://blog.festina.com/2012/07/celebrando-a-mi-manera%C2%B4/]

El libro de ruta mostraba en la página de la quinta etapa al recientemente retirado Robbie Mcewen alzando los brazos en la meta de Saint Quentin durante la cuarta etapa del Tour de Francia 2006. Dos días más tarde haría triplete en Vitré y entraría en meta emulando a Jim Carrey en “Dos tontos muy tontos” cuando, agitando sus brazos, fingía estar corriendo dentro del coche; “parece como si fuese a una velocidad increíble, Harry”, decía el personaje. Era una apuesta que había hecho con Levi Leipheimer en marzo de aquel mismo año, durante la Tirreno Adriático. “Levi me pidió que celebrase de alguna manera, pero especial, como en la película. Estará contento. Ahora me debe una”. Seis años más tarde, el segundo “running man” entraba en la meta de Boulogne-sur-Mer. Esta vez fruto de una promesa con sus compañeros de equipo, Peter Sagan celebraba su victoria recordando a Forrest Gump.

Los originales modos de vivir la victoria tienen amantes y detractores. La celebración en meta con arrogancia y mala educación se paga. Aunque no existe un libro de estilo sobre cómo celebrar una victoria ciclista, sí existe una norma protocolaria básica, que se vea el nombre del patrocinador.  Hay quien además decide tener un guiño con la marca que les apoya, señalando su maillot o incluso besándolo. “Yo quiero ganar una etapa en línea para hacer el gesto de atender el teléfono”, decía en tono distendido Xavi Tondo tras su victoria en la contrarreloj en San Luis. “¡Que eso ya lo ha hecho Cavendish!”, contestaba uno de sus compañeros de la escuadra teléfonica. Mark Cavendish ha sido uno de los habituales en dar color a sus celebraciones aburrido del clásico alzamiento de los brazos, a pesar de que en los últimos años se muestre más comedido. Desde el corte de mangas en el Tour de Romandía, a romper en llanto en el Tour de Francia hasta hacer el caballito en La Vuelta a España. Impulsivo como es, sus celebraciones son un estallido de emociones.

La originalidad y el talento tienen un riesgo. Puede ocurrir como con El Pistolero, Alberto Contador, cuyo famoso y repetido gesto de disparar al aire puede ser el más ansiado del año por los seguidores tras los meses de letargo pero puede por terminar de cansar al madrileño ante su más que previsible lluvia de victorias que está por llegar. También puede ocurrir que a riesgo de querer ser original en cada victoria el público demande más y se acaben las ideas. Ya se espera una tercera victoria de Peter Sagan en el Tour y otro nuevo festejo que supere al anterior.

Escudados bajo el mérito otorgado por entrar el primero en meta, emulan a Frank Sinatra en su “I did what I had to do…I did it my way” y su imagen pasa a ocupar un lugar preferente en el álbum de la historia del ciclismo. En la retina permanecerá la entrada en meta de Carlos Sastre en el Tour de Francia en 2003 con chupete en boca en dedicatoria a su hija; la de Juan Antonio Flecha en la misma edición del Tour haciendo honor a su nombre, preparando el arco con los brazos para lanzar la flecha; la dedicatoria en el Giro de Lombardía de 2006 de Paolo Bettini alzando los brazos y la cabeza al cielo dedicándole en un mar de lágrimas la victoria a su hermano recientemente fallecido o el disparo en la meta de los Mundiales de Stuttgart dedicado a los que lanzaron una campaña de desprestigio contra él…

Hoy en Saint Quentin ha ganado André Greipel por segundo día consecutivo, imponiéndose sobre Goss y Haedo. Y discreto  como son sus celebraciones, con los brazos en cruz, y un toque de humildad respondía con paciencia a la siempre presente pregunta sobre Mark Cavendish que hoy quedaba quinto, “no sé por qué siempre me preguntáis por Cavendish si ya he demostrado que puedo batirle”.

Deja un comentario

Archivado bajo Alberto Contador, Carreras, ciclismo, Mark Cavendish, Peter Sagan, Robbie McEwen, Tour de Francia, Uncategorized, Xavi Tondo