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Protocolo de emergencia: Recuerdos de una tarde camino a Port-Ainé

La tercera etapa de la París-Niza camino de Mont-Brouilly fue cancelada debido a las inclemencias del tiempo y aplicando el nuevo protocolo de emergencia para condiciones climatológicas extremas introducido por la Unión Ciclista Internacional el 1 de enero de 2016. Ha sido la segunda ocasión que se ha tenido que recurrir al recién estrenado protocolo tras su aplicación en la Vuelta a Almería en febrero debido a los fuertes vientos.

Cuatro años han tenido que pasar desde esta aventura que vivimos en semejantes condiciones en la Volta a Catalunya de 2012 hasta hoy para que se vayan adoptando medidas, aunque para muchos quede aún camino por hacer. En el caso de hoy, dicen los que pedalean, ha llegado tarde y rozando el límite.

21 de marzo de 2012. Volta a Catalunya. Etapa 3: La Vall d’en Bas – Port Ainé

La tercera etapa de la Volta a Catalunya será recordada por unas condiciones meteorológicas extremas que sentenciaron la ya de por sí dura etapa reina situando precipitadamente su meta en el kilómetro 155 de 210 y que se saldó con la retirada de la mayoría de sus líderes y de más de una veintena de sufridos ciclistas.

Muchas horas antes de esto, en la salida en La Vall d´en Bas, la previsión meteorológica hacía temer una etapa de máxima dureza. Ante este panorama, corredores que no contaban con buena salud como Javi Moreno y Joan Horrach, Dani Navarro, Samuel Dumoulin, Grischa Niermann o el propio Alejandro Valverde tras su caída de ayer no tomaban la salida.

No hubo ni un kilómetro de los 155 recorridos en los que cesase la lluvia. Nada más comenzar, en el kilómetro 5 se producía una caída en la que se veían implicados un amplio número de corredores. Por lo que pudimos conocer más tarde, chocaron contra un autómovil estacionado en la carretera y se saldó con la retirada de Julian Dean (GreenEdge) y Frantisek Rabon (OPQS) y varios corredores cortados, entre ellos Sergio Pardilla, de Movistar e Ivan Basso de Liquigas.

Por fin se hizo la fuga, que más parecía tratarse de un trabalenguas: Carrara, Rohregger, Valdevelde, Cherel, Bardet, Tschopp, Ignatenco, Brajkovic, Soerensen, Golas, Kruwsyk y Kritskiy. A la vez nos iban llegando noticias de que la subida a Port Ainé estaba impracticable por lo que las máquinas quitanieve se habían puesto manos a la obra.

Catalunya 2012

Tiralongo y Zargari abandonan.

Radio vuelta no cesaba de informar sobre nuevos percances y abandonos prácticamente durante toda la etapa. Ninguno de los que estábamos dentro de la carrera hemos tenido un respiro. El fotógrafo de Sport Imagen abandonaba la moto e iba en el coche en el asiento trasero. Yo me debatía entre la hoja de dorsales, el libro de ruta, el portátil y sobre todo el móvil para intentar al menos informar todo lo posible vía twitter. El conductor apuntaba las indicaciones de dorsales que cantaba radio vuelta mientras manejaba las curvas como podía. A pesar de la información que nos iba llegando sobre el estado de los kilómetros finales y lo que íbamos viendo y llevaban acumulado los ciclistas, la organización informó de que la carrera continuaría por el recorrido previsto.

Algunas piedras se desprendían de la montaña a nuestro paso y caían sobre la nieve que cubría el asfalto en el descenso de Alp. Los abandonos continuaban. Damuseau, Bessy, Bille y De Haes. Las fotografías del estado de la meta se precipitaban en las redes sociales. Mientras tanto, Joan Horrach, en el autobús del equipo y por delante de los que íbamos en la carrera, avisaba de la presencia de hielo en la carretera de Port del Canto, el penúltimo puerto antes de la meta a 1730 metros de altitud y de un terreno impracticable.

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Lluvia, frío, viento, escapados con los dientes apretados, cubiertos de barro, ascensión durísima. Estómago encogido. Un espectáculo que angustiaba. Nos enteramos de que los helicópteros no podrían retransmitir la etapa. Tampoco las televisiones. Los fotógrafos que quedaban comenzaron a meterse en los coches. Los ciclistas se quedaron navegando solos en un mar de tempestades. La situación parecía insostenible; no sólo sufrían los ciclistas si no que tampoco se podría contar ese sufrimiento con todas las limitaciones que el tiempo estába poniendo a los medios de comunicación.

Las noticias seguían llegando según recuperábamos la señal. Abandono de Andy Schleck, Tiago Machado, Ben Hermans y TJ Van Garderen. Menos de cinco minutos después nos encontrábamos siguiendo a los escapados en el km 144 y la organización informó que la carrera se acortaba y la improvisada meta será en el km 155, cinco kilómetros antes de coronar el Port del Canto. Rápidamente adelantamos a los escapados y nos dirigimos a la nueva meta. Llegamos los primeros a un cruce. Dudamos de que fuese allí pero tampoco hay nadie a quien preguntar. Al divisar una moto de policía nos creímos salvados hasta que bajamos la ventanilla y para nuestra sorpresa es el propio policía el que nos preguntaba dónde era la nueva meta. Tras breves minutos de duda empezaron a aparecer vehículos y en una auténtica contrarreloj empezamos a colocar en medio de la nada los coches. Falta…¡la meta! Teníamos cinta adhesiva en el coche que aunque era gris como el asfalto, como la niebla y como el día algo apañaría.

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Llovía a mares. Entre coches y carretera nos movíamos los pocos medios que pudimos llegar, auxiliares, árbitros, organización…Los corredores fugados se precipitarron sobre la meta. Unos minutos más tarde lo haría el resto del pelotón. Luis Ángel Maté, del equipo Cofidis, me contaba más tarde entre lamento y risa atónita: “Al llegar a la meta que nos habían preparado los árbitros nos gritaban – “¡despacio! ¡despacio! Que tenemos que anotar los dorsales”- y se les oía: 24, 118, 73, 32…”. “Sólo faltaba alguien cantando “¡Bingo!” por ahí”, añadía con sentido del humor Joan Horrach.

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La victoria fue para el corredor de Astaná Janez Brajkovic, seguido por Michal Golas y Matteo Carrara que a pesar de haber llegado con más de 9 minutos de diferencia y de haber luchado acompañados de sus ocho compañeros de fuga en esta extrema etapa, la organización confirmaba minutos más tarde que por reglamento, los tiempos de esta etapa no contarían de cara a la clasificación general.

Se reaccionó mal y tarde. El anuncio del acortamiento de la etapa llegó a escasos diez kilómetros del nuevo final de la etapa, por lo que algunos corredores que habían abandonado podrían haber actuado de otra forma de haber conocido esta información con más antelación. El establecimiento de la nueva meta no permitió ni tan siquiera contar con las herramientas necesarias para poder dar por legítimo el orden de entrada de los corredores después de los agónicos 155 kilómetros recorridos. Pero sobre todo la decisión de dar por anulada la etapa hizo que aquel sufrimiento no mereciese para nada la pena.

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Era hora por fin de que se abriese el debate seriamente y se adoptaran posturas serias por salud, por seguridad pero también por dignidad y así cuidar este deporte, en ocasiones como estas, de chirigota y a años luz de otros deportes profesionales. Porque, ¿qué compensación hay tras una etapa como la de entonces en la que sus principales estrellas quedaron anuladas a falta de cuatro etapas para el final? ¿Cuánto compensa continuar con la carrera si la televisión, los fotógrafos y mayoría de periodistas no pueden informar sobre ella y el espectador no seguirla? ¿Hasta dónde se cree que llega la salud del ciclista que ni siquiera se tiene en cuenta?

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