Por los que vivieron un sueño efímero

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No me hizo falta revisar un viejo álbum de fotos para acordarme de todos ellos. A veces las exigencias del día a día dan un respiro para echar la vista atrás. Mis mejores recuerdos siempre me trasladan a la temporada 2010. En enero de aquel año, en el aeropuerto de Buenos Aires, me encontraba rodeada de los ciclistas del equipo Footon Servetto que iban a participar en el Tour de San Luis y a los que aún no conocía. Era mi tercera temporada en el mundillo ciclista, pero aún así era practicamente una recién llegada. Los días anteriores al viaje googleé a todos los que aún no había tenido oportunidad de conocer en las anteriores Vuelta a España en las que había trabajado. Me senté junto a Enrique Mata en el avión rumbo a Buenos Aires y en la cola del control de pasaportes pude poner cara al resto. Celis, David Gutiérrez Gutiérrez, Cheula, Valls y más tarde conocería a Rosendo, Ramírez Abeja, Gómez Marchante, Vázquez Hueso y Javi Moreno del equipo Andalucía CajaSur y Pacheco, De Segovia, García Rena y otros tantos ciclistas del equipo Xacobeo Galicia. Pocas veces he visto disfrutar tanto como lo hacían aquellos ciclistas. A pesar de que sus ambiciones  podían estar limitadas por los equipos y corredores más fuertes, vivían con auténtica devoción  y sobre todo ilusión el ciclismo. Siempre bromeando y sonriendo, a pesar del dolor de piernas o de las caídas.

Reviso con melancolía las fotos de aquella carrera que ganó Vincenzo Nibali y observo no sin cierta lástima que el 80% de aquellos corredores ya no se encuentra en el pelotón. Y eran todos tan jóvenes…Recuerdo aquellos meses de octubre y de noviembre en los que sentías su miedo por no encontrar equipo y la impotencia de sus compañeros y amigos del sector por no poder encontrarles un sitio. La desaparición de equipos, hasta la más reciente del Euskaltel, ha sido la peor criba para los sueños de muchos. La dureza del ciclismo va más allá del sufrimiento en la carrera o el sacrificio diario, y es que sólo unos pocos tienen el privilegio de decidir por ellos mismos cuándo retirarse.

Me pregunto qué habrá sido de muchos de ellos. Más allá de resultados o victorias, queda el recuerdo imborrable de aquellos buenos momentos, esos que en Wikipedia no figuran y que fui afortunada de poder vivir junto a ellos. Aprovecho la ocasión para desearles lo mejor a todos ellos. Estoy segura de que aunque fue corto les mereció la pena vivir aquel sueño.

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Hemingway: El velódromo de Hiver

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París era una fiesta. 1964. Extracto.

El ciclismo resultó una cosa nueva y muy divertida, y como no sabía nada de aquello la novedad me fascinaba. Pero no tomamos en seguida la afición. Llegó más tarde, y al fin ocupó un puesto importante en nuestra vida, algún tiempo después, cuando todo lo del primer período en París se nos vino al suelo.

Pero, por un tiempo, nos bastó con quedarnos en nuestro barrio y no tener que atravesar París para ir a los hipódromos, y apostar sólo por nuestra vida y nuestro trabajo y por los pintores amigos, y no basar la vida en un juego de azar disfrazado con otros nombres. He empezado muchas veces a escribir un cuento sobre carreras de bicicletas, pero nunca me ha salido ninguno que fuera tan bueno como son las carreras, las de velódromo cubierto o al aire libre tanto como las de carretera. Pero algún día lograré meter en unas páginas el Vélodrome d’Hiver con su luz que atravesaba capas y capas de humo, con la pista de madera y sus empinados virajes, y el zumbido de los tubulares sobre la madera cuando pasaban los ciclistas, y el esfuerzo y las tácticas y los corredores desviándose arriba o abajo en la pista, convertidos en una parte de sus máquinas. Lograré meter la impresión fantástica del medio fondo, el ruido de las motos de los entrenadores con sus rodillos, y los entrenadores con sus pesados cascos y sus teatrales trajes de cuero, que se inclinaban hacia atrás para proteger a los ciclistas de la resistencia del aire, y los ciclistas con sus cascos ligeros que se pegaban a los manillares, sus piernas que hacían girar a gran velocidad los pedales, y las pequeñas ruedas delanteras se pegaban al rodillo de la moto tras la cual se abrigaba el ciclista, y los duelos en que se alcanzaba el colmo de la excitación, con el petardeo de las motos y con los ciclistas corriendo codo a codo y rueda a rueda, arriba por el peralte y lanzándose abajo y dando vueltas a una velocidad como para matarse, y de pronto un hombre que no podía sostener la velocidad y se descomponía, y se le veía chocar brutalmente contra la sólida muralla de aire de la que hasta entonces había estado separado.
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Había tantas clases de carreras. Los sprints por eliminatorias hasta llegar a la carrera final, en los que los dos corredores retenían durante largos segundos su velocidad, cada cual esperando que el otro guiara el sprint y así obtener un abrigo inicial, y luego las vueltas a medio paso hasta la zambullida final en la fascinadora pureza de la velocidad. Había los programas de carreras a la americana, con sus series de sprints que llenaban la tarde. Había las hazañas de velocidad absoluta, cuando un hombre corría solitario durante una hora contra el reloj, y había las terriblemente peligrosas y hermosas carreras de cien kilómetros en los grandes peraltes de madera de la pista de quinientos metros del Stade Buffalo, el velódromo al aire libre en Montrouge donde se hacían las carreras tras moto. Estaba Linart, el gran campeón belga a quien llamaban el Sioux por su perfil.que agachaba la cabeza para sorber aguardiente caliente por un tubo de caucho unido a un termo que llevaba debajo del jersey, y así cobraba fuerzas para el terrible arranque de velocidad de sus fines de carrera. Había los campeonatos de Francia tras moto, en la pista de cemento de seiscientos sesenta metros del Parc des Princes, en Auteuil, cerca del hipódromo, que era la pista más peligrosa de todas, y allí vimos un día caer al gran corredor Ganay, y oímos cómo se le aplastaba el cráneo dentro del casco, tal como uno aplasta un huevo duro contra una piedra, en una merienda en el campo, para quitar la cáscara. Tengo que escribir sobre el extraño mundo de las carreras de seis días y las maravillas de las carreras por carretera en la alta montaña. El francés es la única lengua en que se ha escrito bien sobre esto y los términos son todos franceses, y por eso es difícil escribir en otra lengua.

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Pedro Horrillo y 2666

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Recuerdo aquel 27 de abril, cuando hicimos un pequeño corro con Pedro Horrillo y el ex ciclista reconvertido en periodista, el holandés Thijs Zonneveld. Acababa de terminar la gala de clausura de la cuarta edición de la Mallorca 312, marcha cicloturista en la que estoy a cargo de la comunicación y el protocolo. A esa gala, a la que siempre llego atacada después de una semana intensísima de trabajo, le sigue la sensación de bienestar – ¡y que dure!- por que todo haya salido según lo esperado. Por eso bajar los tres escalones del escenario y encontrarme con Pedro y Thijs en el primer momento de relax en siete días, no podía ser más oportuno.

 Esas charlas tranquilas y amigables con alguien con quien tienes buena sintonía, son la ventana perfecta para desconectar del trabajo y volver a ser persona, más allá de periodista. Un café improvisado tras la salida de etapa, una charla en el hall del hotel…Los escenarios, eso sí, suelen estar bastante limitados. Aquella con Pedro y Thijs fue una de esas conversaciones que se agradecen y no se olvidan. Comencé preguntando a Thijs, alma mater del proyecto casi de ciencia ficción, sobre el punto en el que se encontraba la creación de una montaña en Holanda. Las conversaciones se hilaban unas con otras con naturalidad. Entonces Pedro echó mano a su móvil para mostrarnos las fotografías de la peregrinación que había llevado a cabo en otoño de 2012. “He cerrado el círculo”, nos explicaba, aunque aún quedaba mucho por entender. El 16 de mayo de 2009, camino de la meta de la octava etapa en el Giro de Italia, perdió el control de su bicicleta y cayó por el barranco en Culmine di San Pietro. Volvió a nacer. De aquella peregrinación, “una catarsis propia” en palabras de Pedro, hablo en un artículo bajo el nombre “Pedro Horrillo, el peregrino” en el número 61 de la revista Pedalier.

Sin embargo aquella peregrinación en la que se enfrentaría a sus miedos y se reencontraría a sí mismo, fue el final de un viaje que comenzó mucho antes. No fue un camino fácil y fue curioso descubrir, meses más tarde, tirando del hilo, que la llave para poder emprender aquel viaje se encontraba en la relectura de la novela póstuma 2666 del escritor chileno Roberto Bolaño. Un libro que había dejado a medias, en la página 656, en el asiento del autobús del equipo Rabobank antes de partir al control de firmas de la octava etapa en 2009 y al que estaba totalmente enganchado.

“La aclamada novela “2666” del escritor chileno, prematuramente fallecido, Roberto Bolaño fue el primer objeto personal que Pedro Horrillo pidió al despertar del coma en el Ospedali Riuniti di Bergamo. A pesar de la urgencia inicial, el libro permaneció en su mesilla de noche, incapaz de enfrentarse a él. Él mismo se daría cuenta en aquella camilla de hospital, que sería la llave que abriría la puerta a miedos y fantasmas pero a la vez el arma para cerrar heridas y proseguir con el viaje. Aún era pronto para ello”.

“[…] En la cama del hospital intentó continuar su lectura a partir de la página 656. “Leía un párrafo y la cabeza me volvía atrás irremediablemente, a la angustia y el dolor”. Un sufrimiento fruto de sus vivencias morfínicas en la UVI del hospital italiano, “tan reales como cualquier otro recuerdo de mi pasado”. No fue hasta que llegó a Pamplona, un par de meses más tarde cuando empezó a darse cuenta que todo aquello vivido durante semanas en el hospital, con personajes reales y que tanta angustia le provocó el sentirse en medio de un complot por la negación de todos, había estado inducido por la morfina y nunca había ocurrido realmente”.

Estos párrafos pertenecen al artículo “2666. El viaje de Pedro Horrillo”, que saldrá publicado en el noveno número de la revista holandesa Soigneur. Gracias a este encargo pude sumergirme en aquel “Universo Bolaño”, que denominó Pedro Horrillo. Hace un año yo misma apuraba las últimas páginas de 2666 entre San Pedro de Atacama y Santiago de Chile. En febrero de este mismo año, Pedro y yo mantuvimos una charla de más de tres horas en las que me invitó a revivir aquel viaje. Una historia apasionante, profunda e íntima. Y como ocurrió con el suyo, mi libro también continúa en mi mesilla de noche, “como un amuleto, un objeto fetiche”.

 

 

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Find the middle. Digital Sports Media magazine

Digital Sports MediaHoy comparto con vosotros esta entrevista que me hizo Andy Eyring para la revista Digital Sports Media. Gran descubrimiento esta revista alemana, también editada en inglés, en la que en el número 42 se habla del ciclismo en la televisión alemana, el desarrollo digital en la liga europea de fútbol, la evolución de la federación polaca de fútbol, etc. Conozco a Andy como biker que compite en cada prueba de City Mountainbike, ganador por cierto de la última el pasado viernes en Waregem. Más allá de las entrevistas que le he hecho durante la competición, desconocía su faceta de comunicador. Es la primera vez que no entrevisto yo al ciclista, sino que él me entrevista a mí. Que la disfrutéis.

Today I want to share with you this interview made by Andy Eyring for Digital Sports Media magazine. It was a nice surprise reading this german magazine, also edited in english, where in the issue #42 you can read articles about cycling in german television, the digital development in the european league, the evolution of the polish football federation, etc. I know Andy as a biker that competes in City Mountainbike, in fact, he won the race last friday  in Waregem. Beyond the interviews I have made him during the competition, I didn´t know about Andy´s role in communications. This is the first time it´s not me who interviews the rider, but it´s the rider who interviews  me. Hope you enjoy it.

 

 

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About Digital Sports Media: http://www.result-sports.de/
Facebook: https://www.facebook.com/Result.Sports.Munich
Twitter: @ResultsSports

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La oportunidad del Tour de Francia

¡Qué oportunidad la de descubrir cada año algo nuevo en este trabajo! Así llegó en julio mi primer Tour de Francia con Eurosport Internacional. Si bien ya había cubierto la carrera francesa en 2012, tan sólo un cambio en la acreditación que llevas colgada al cuello, permite ver la carrera desde muy diversos ángulos a la vez que te pierdes otros tantos. Un ejemplo: el apenas cruzarme con los compañeros de prensa escrita y de la radio en toda la carrera. Tal es la inmensidad del Tour que cada uno tiene su propio camino y lugar. Ya lo advertí por el último mail que recibí de Eurosport antes de llegar a París para comenzar la travesía hacia Leeds en el que se incluía en copia a más de veinte personas que trabajaríamos codo con codo en la carrera. Terminamos siendo treinta. Y es que el Tour es el Tour. El tercer evento más grande del mundo después de los Juegos Olímpicos y los Mundiales de Fútbol. Era bastante frecuente perderse entre los camiones de la zona técnica sobre un suelo cableado y en el que en cada carpa se hablaba un idioma diferente. ¡Bonjour! ¡Hi! ¡Ciao! ¡Hej der! ¡Hola! ¡Hallo!

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El grupo de reporteros de la mañana lo formábamos Vincent Renault, periodista de larga experiencia cubriendo el ciclismo para Eurosport, y yo, acompañados por los cámaras Darryl Kibblewhite y Sam Guillemot, además de Josselin Riou. Josselin era el “runner” o “stagiere” como le llamábamos con cariño. Con 17 años, este ciclista y futuro periodista, ha tenido la oportunidad de vivir el Tour de Francia desde dentro, tener contacto directo con los ciclistas y jefes de prensa de los equipos y aprender -espero!- de los que formábamos parte de Eurosport. Cada mañana nos reuníamos en el village del Tour donde tienen presencia a través de sus carpas los patrocinadores de la carrera y donde puedes desayunar gracias a la selección de embutidos, dulces y frutas que ofrecen unos puestos como si de un mercado se tratase. Así, la preparación del día y la espera de la llegada de los autobuses de equipo se hace más llevadera. Allí, además de leer la prensa decidíamos las entrevistas que irían para la introducción del programa LeMond on Tour y las que irían en el directo durante la etapa. Las entrevistas, como pasa en todas las carreras, llegaban a última hora tras minutos y minutos de espera, y todas a la vez. Y es que al final las carreras se tratan de eso: horas de coche, horas de espera para minutos intensos de entrevistas.

Sale la etapa y de vuelta al coche no sin antes sacar la fotografía diaria “Playing with Greg Lemond” parodiando su imagen en los coches de Eurosport y que recogería el periódico Le Figaro en su web: Funny LeMond on Tour photos. Cada tarde el propio Lemond nos recibía en la carpa de Eurosport con su enorme sonrisa: “La foto de hoy  me ha gustado, aunque si fuese yo quien tuviese que hacerlas me pasaría mucho más”, confesaba tras haber visto la foto de mano de Kathy, su mujer. El matrimonio perfecto, les decíamos. En la mirada de ambos, un amor que parece haber surgido ayer, al igual que las risas que siempre les acompañan. Merecen un capítulo a parte al igual que todo lo vivido con ellos estos 25 días. Sin duda lo que más me ha llamado la atención es la admiración que despierta Greg Lemond en todo el mundo, sobre todo en los propios ciclistas. Cada corredor que vino a participar al programa tras la etapa, compartió fascinado la foto del momento en las redes sociales. Sin olvidar a Vincenzo Nibali, vestido de amarillo, recién proclamado ganador del Tour, y como el niño buscando la aprobación de los padres, preguntando entre bambalinas tras su entrevista en los Campos Elíseos, si a Greg le había gustado cómo lo había hecho en el Tour. Formidable.

Las tardes se pasaban en la carpa de la zona técnica por donde de vez en cuando se dejaba ver Sean Kelly en busca de café para su compañero comentarista Carlton Kirby. Durante los últimos kilómetros pasábamos a la zona mixta “Live TV” para las entrevistas tras la etapa y donde compartíamos espacio con la televisión danesa, noruega, inglesa y norteamericana. Dos preguntas cada uno y a rezar por que los corredores quisieran explayarse. Posteriormente los ciclistas serían entrevistados por el resto de televisiones sin señal en directo, radios y diversos medios impresos…un vallado interminable que a los corredores se les antoja eterno pero que responden de buen gusto, forma parte de la mayor carrera del mundo. Las noches, aquellas en las que no me quedaba en el hotel sin cenar fruto del agotamiento, se acompañaban de buen vino francés, foie y confit de pato y relajados reíamos recordando las anécdotas del día.

Casi quince días de lluvia, cuatro de barro, uno de frío y un par de mucho calor, han dado pie a todo tipo de anécdotas, muchas veces surrealistas en un escenario que es un show animado por el mejor público, un “circo” ambulante que se suele decir, y en el que realmente puede pasar de todo. Un lugar como ninguno para aprender y crecer profesionalmente, y si se tiene la misma suerte que nosotros, disfrutar con los compañeros de la aventura. ¡Nos vemos en La Vuelta a España!

 

 

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Va por ustedes, afición

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Pedalier #53 ya a la venta

El fuerte sol en San Luis, aliviado por el indomable viento característico de la zona, anunciaba el inicio de la competición ciclista. Las fuertes tormentas eléctricas provocadas por las altas temperaturas respetaban el día e inundaban la noche. El Tour argentino volvió a reunir a los ciclistas con mayor renombre del pelotón internacional. Repitió Alberto Contador, Vincenzo Nibali, ganador de la edición de 2010; se estrenaron Peter Sagan, Thor Hushovd, Tejay van Garderen y Mark Cavendish que lucía por vez primera los colores de Omega Pharma Quick Step y conseguía la primera victoria de 2013 para el equipo belga. Al inglés se le veía feliz, relajado y más accesible que nunca en Argentina. “Yo me paro en un sitio, frente al control de firmas, y la gente se va dando el relevo para hacerse una foto conmigo”. Así hasta quince minutos. Brazo por encima y un recuerdo para siempre.

Y es que la esencia del Tour de San Luis se encuentra en su gente. Amable, cariñosa, atenta y cautivadora. Sin ser Argentina un país de gran afición y seguimiento ciclista -no hubo mención alguna de la carrera por parte de los medios nacionales- el Tour de San Luis es el evento del año para los puntanos locales y otros argentinos aficionados. Al hotel Vista, donde se aloja la organización, la mayor parte de los equipos y la prensa, una llega con ansia de encontrarse con los que ya forman parte de su círculo de amigos a pesar del océano que nos separa. Fuera se encuentran Adolfo y Luis Alberto periodistas argentinos que toman su mate caliente a pesar del calor veraniego. Dentro choco con la cándida mirada de los hermanos Curuchet, Juan y Gabriel, uno director deportivo de la prueba, otro presidente de la Unión de Ciclistas de la República Argentina. La cálida bienvenida continúa con Ricardo, el secretario; Federico, el fotógrafo con más chispa de toda la carrera; Carlos, el comisario; Pablo, el fotógrafo aventurero…Vidas dispares que se encuentran gracias al ciclismo una vez al año. Sin duda la historia más cautivadora es la de Sergio. Pequeñito, de piel curtida y morena, de mirada oscura y profunda, de una humildad difícil de encontrar al otro lado del charco, educado y siempre dispuesto, en 2010 se desvivía por ayudar en lo que fuese al equipo local. Recuerdo cómo por aquel entonces nos contó una tarde a mí y a un grupo de corredores, entre los que se encontraba Filippo Pozzato, que había tenido que pedir permiso para estar en la carrera ya que trabajaba en una funeraria cobrando a domicilio los servicios a las familias de los difuntos. Hasta el siempre jaranero Pozzato guardó silencio impresionado por la historia de Sergio, quien seguía contándonos que era un trabajo duro pero era un trabajo al fin y al cabo y sus ojos se llenaban de felicidad al volver a hablar del tour que pasaba por su tierra una vez al año. “¿Nos podremos hacer una foto más tarde, Pippo?”, concluía con la confianza que le había dado nuestra atención.

El Tour de San Luis no sería posible ni tan especial sin su gente. El ciclismo no saldría adelante sin la afición que espera en las cunetas, que se acerca a las metas, que lo sigue por Internet o que adelanta la comida para ver los últimos 50 kilómetros por televisión. Desgraciadamente, la generación ciclista de ahora se encuentra en deuda por lo que se hizo en el pasado. Toca curar la herida de los millones de seguidores que creyeron en lo que años más tarde se ha podido descubrir como una gran mentira. Google devuelve a la realidad tecleando en su buscador “caída de un mito”, y ofreciendo como primer resultado el rostro de Lance Armstrong. Y es normal que los seguidores estén dolidos. Los deportistas son los héroes del siglo XX y XXI, aquel guardián de la polis griega con atributos de filósofo y de guerrero, más próximo a lo divino que a lo humano. El deporte es la “religión de compensación” (Jorge Riezu, Filosofía y sociología, 1997) porque suple la carencia de valores en la sociedad actual. Superación, sacrificio, trabajo, constancia, compromiso, colaboración, respeto, lucha, entrega, exigencia y juego limpio. Tocará trabajar duro para librarnos de la sombra que ha oscurecido este deporte. Es un compromiso de todos. Y aunque muchos hayan perdido la fe por el camino, otorguémosle la confianza que reclama la actual generación del ciclismo profesional para hacer de este un deporte ejemplar y devolverle la dignidad que merece.

Son protagonistas de las páginas de Pedalier #53 Vincenzo Nibali, Thor Hushovd, Joan Horrach, Eloy Teruel, Australia y muchos más. Próxima semana a la venta.

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Click aquí para leer el sumario completo del número 53 de Pedalier.

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Celebrando ‘a mi manera’

[Artículo publicado el 5 de julio de 2012 en Festina. This is our sport. Enlace original: http://blog.festina.com/2012/07/celebrando-a-mi-manera%C2%B4/]

El libro de ruta mostraba en la página de la quinta etapa al recientemente retirado Robbie Mcewen alzando los brazos en la meta de Saint Quentin durante la cuarta etapa del Tour de Francia 2006. Dos días más tarde haría triplete en Vitré y entraría en meta emulando a Jim Carrey en “Dos tontos muy tontos” cuando, agitando sus brazos, fingía estar corriendo dentro del coche; “parece como si fuese a una velocidad increíble, Harry”, decía el personaje. Era una apuesta que había hecho con Levi Leipheimer en marzo de aquel mismo año, durante la Tirreno Adriático. “Levi me pidió que celebrase de alguna manera, pero especial, como en la película. Estará contento. Ahora me debe una”. Seis años más tarde, el segundo “running man” entraba en la meta de Boulogne-sur-Mer. Esta vez fruto de una promesa con sus compañeros de equipo, Peter Sagan celebraba su victoria recordando a Forrest Gump.

Los originales modos de vivir la victoria tienen amantes y detractores. La celebración en meta con arrogancia y mala educación se paga. Aunque no existe un libro de estilo sobre cómo celebrar una victoria ciclista, sí existe una norma protocolaria básica, que se vea el nombre del patrocinador.  Hay quien además decide tener un guiño con la marca que les apoya, señalando su maillot o incluso besándolo. “Yo quiero ganar una etapa en línea para hacer el gesto de atender el teléfono”, decía en tono distendido Xavi Tondo tras su victoria en la contrarreloj en San Luis. “¡Que eso ya lo ha hecho Cavendish!”, contestaba uno de sus compañeros de la escuadra teléfonica. Mark Cavendish ha sido uno de los habituales en dar color a sus celebraciones aburrido del clásico alzamiento de los brazos, a pesar de que en los últimos años se muestre más comedido. Desde el corte de mangas en el Tour de Romandía, a romper en llanto en el Tour de Francia hasta hacer el caballito en La Vuelta a España. Impulsivo como es, sus celebraciones son un estallido de emociones.

La originalidad y el talento tienen un riesgo. Puede ocurrir como con El Pistolero, Alberto Contador, cuyo famoso y repetido gesto de disparar al aire puede ser el más ansiado del año por los seguidores tras los meses de letargo pero puede por terminar de cansar al madrileño ante su más que previsible lluvia de victorias que está por llegar. También puede ocurrir que a riesgo de querer ser original en cada victoria el público demande más y se acaben las ideas. Ya se espera una tercera victoria de Peter Sagan en el Tour y otro nuevo festejo que supere al anterior.

Escudados bajo el mérito otorgado por entrar el primero en meta, emulan a Frank Sinatra en su “I did what I had to do…I did it my way” y su imagen pasa a ocupar un lugar preferente en el álbum de la historia del ciclismo. En la retina permanecerá la entrada en meta de Carlos Sastre en el Tour de Francia en 2003 con chupete en boca en dedicatoria a su hija; la de Juan Antonio Flecha en la misma edición del Tour haciendo honor a su nombre, preparando el arco con los brazos para lanzar la flecha; la dedicatoria en el Giro de Lombardía de 2006 de Paolo Bettini alzando los brazos y la cabeza al cielo dedicándole en un mar de lágrimas la victoria a su hermano recientemente fallecido o el disparo en la meta de los Mundiales de Stuttgart dedicado a los que lanzaron una campaña de desprestigio contra él…

Hoy en Saint Quentin ha ganado André Greipel por segundo día consecutivo, imponiéndose sobre Goss y Haedo. Y discreto  como son sus celebraciones, con los brazos en cruz, y un toque de humildad respondía con paciencia a la siempre presente pregunta sobre Mark Cavendish que hoy quedaba quinto, “no sé por qué siempre me preguntáis por Cavendish si ya he demostrado que puedo batirle”.

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