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La moda eco del deporte

Por Laura Meseguer

“No es la apariencia, es la esencia.

No es el dinero, es la educación.

No es la ropa, es la clase.”

Coco Chanel

En enero de 2014 la moda de lujo y el deporte se daban la mano en la Semana de la Alta Costura de París. Durante el desfile de Raf Simons para Dior, el director creativo belga rompía moldes e introducía las zapatillas deportivas junto a sus vestidos de Alta Costura. Karl Lagerferld confirmaría la tendencia sobre la misma pasarela para Chanel con la top Cara Delevigne ataviada como la “novia sport”, luciendo unas zapatillas brillantes de deporte. Antes ya habían desfilado maniquíes con codilleras, tobilleras, mochila y zapatillas en todos los colores. Era oficial, la moda deportiva marcaría la tendencia en las próximas temporadas y así, firmas como Gucci, Ferragamo, Versace, Kenzo, Prada o Givenchi introducirían también el “prêt a sport” en sus colecciones.

En la moda está prácticamente todo inventado y cansados de revivals de los 60, 70 y 80, se han elevado a categoría de moda unas prendas que nunca lo han sido sino que eran prendas funcionales. En cierto modo es consecuencia del gusto por la vida sana y el deporte, tan de moda en los últimos años”, afirma la periodista Beatriz Miranda, redactora de “La Otra Crónica” en el diario El Mundo. Las deportivas brillantes de Chanel requieren 30 horas de trabajo artesanal y su precio ronda los 3.000 euros. La firma presentaba además sus veinte accesorios “sporty” entre los que se encuentran una bicicleta con alforjas de Chanel, una tabla de surf, un balón de baloncesto, esquíes, etc., al alcance de los bolsillos más exclusivos. Las previsiones hablaban de un aumento del 20% en las ventas de la colección estival de Chanel gracias a la línea deportiva fundamentalmente por sus zapatillas fetiche.

Sobre tejidos y prendas vintage

Miranda señala que así como la tendencia ha continuado en 2015, al menos en lo que a calzado se refiere, lo verdaderamente relevante de la inclusión del deporte en la moda son los tejidos, a los que las marcas deportivas y el deporte de alta competición dedican el 100% de sus esfuerzos.“Son los tejidos del futuro. Se hacen para resistir condiciones extremas por lo que son de muy buena calidad y resistentes. El neopreno, por ejemplo, es un tejido que se lava muy bien, aísla del calor y del frío y no requiere lavado”. Atendiendo a dicha tendencia, no es de extrañar que la multinacional sueca H&M encargase su colección cápsula de hombre y mujer para otoño-invierno al nortamericano Alexander Wang, conocido por su estilo deportivo y su gusto por la sastrería tradicional. Su línea va desde lo deportivo a lo urbano haciendo uso de materiales como el neopreno, polielastano y otros tejidos tecnológicos y prendas como mallas, pantalones cortos, tops, manguitos y perneras que recuerdan a las prendas compresivas, parkas, bolsas de gimnasia, shorts de boxeo, cinturones, vestidos, faldas y medias.

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Está sucediendo también en sentido contrario”, declara Juan Pablo Molinero, director de marketing del equipo Movistar. “Las marcas deportivas de toda la vida están creando colecciones de corte más urbano porque cada vez es más difusa la línea que separa la moda del deporte”. La inclusión de prendas deportivas en la moda cotidiana es una práctica que viene haciéndose desde hace años como las famosas zapatillas de Puma, inspiradas en la Fórmula 1, el polo de Lacoste, las Converse provenientes del baloncesto, las New Balance del atletismo, las Munich del balonmano, hasta un ejemplo más cercano como son las gafas espejo de Oakley en su modelo Frogskins que comenzó luciendo Joaquím “Purito” Rodríguez en el podio del Giro de Italia que estuvo a punto de ganar en 2012.

En el saber adaptarse radica el éxito de las marcas”, afirma Kiko García, Sports Marketing Manager de Oakley desde el año 2000. “En todos estos años he visto cómo la estrategia de Oakley se ha ido orientando a un deporte determinado. Los primeros años se identificaba con un tipo de deporte más radical como el surf, skate, BMX, etc. siempre adaptándose a las tendencias. La moda es un camino de ida y vuelta. Hay momentos en los que se recuperan cosas que ya se hacían hace años y hay otros en los que te tienes que ir a lo más tecnológico y novedoso”.

En el ciclismo, la épica del deporte unido a la tradición del mismo, ha hecho que las prendas retro hayan sido siempre objeto de deseo. Con la proliferación del ciclismo urbano, este gusto por lo vintage se ha convertido además en tendencia y muchas marcas comerciales han sabido ver el potencial de esta tribu urbana. ”Oakley aprovechó este gusto por lo retro con el 30 aniversario de la primera gafa deportiva de la marca, sacando una línea llamada ‘Heritage’ basada en recuperar los modelos que en su momento utilizó Greg LeMond como icono principal de la marca”.

Otra de las firmas líder en cuanto a diseño y alta calidad es la francesa Le coq sportif, a la que la tendencia vintage y sporty se les presenta como una oportunidad ya que llevan más de dos años apostando por ella en sus colecciones siempre fieles al chic francés. “Le coq sportif se caracteriza por ser una marca retro con una trayectoria histórica que la avala y que cuida hasta el último detalle, ofreciendo productos de alta calidad, seña de la marca desde siempre”, señalan desde su departamento de comunicación. Le coq sportif es el proveedor oficial de los maillots de los líderes en el Tour de Francia y Vuelta a España, así como en la cicloturista l´Etape du Tour. En L`Eroica, una cicloturista vintage que tiene lugar en la Toscana, la marca se reencuentra con su esencia: autenticidad, placer y valor. En su colaboración con la cicloturista, reedita el modelo Mérinos de aquellos primeros maillots de lana diseñados en los 50 para los corredores del Tour de Francia, y cuya estética está tan en boga estos días. El ciclista francés del equipo FDJ es su imagen de campaña.

En el ciclismo de competición es mucho más complicado hacer llegar cualquier tendencia por los intereses comerciales tanto de bicis, como de ropa y accesorios. Todos hemos visto que donde realmente hay potencial para mostrar la tendencia retro es en el ciclismo urbano, concluye Kiko García.

Mamil: Middle-aged men in lycra”

Más allá del ciclismo urbano, otro nicho donde abundan las barbas, las fixies y los hipsters, el gusto por la práctica del ciclismo ha hecho crecer una nueva generación fundamentalmente en Reino Unido, Australia y Estados Unidos, conocida como “Mamil”, acrónimo de Middle-aged men in lycra, (Hombres de mediana edad en lycra). Los “Mamil”, son hombres mayoritariamente entre los 40 y 60 años a los que les gusta montar en bicicleta dos o tres veces por semana, no escatiman en gastos a la hora de invertir en la mejor bicicleta y productos del mercado y en lucir ropa de ciclismo de buena calidad y con estilo. “Pertenecen al club de Strava, portan una Pinarello Dogma y lucen ropa de Rapha”, define el portal económico Bloomberg. Un nicho de mercado que no es nuevo pero al que las marcas han adaptado sus campañas de marketing debido a su crecimiento exponencial durante los últimos años. En Reino Unido comenzó a proliferar tras la victoria del ciclista con más estilo del pelotón Bradley Wiggins en el Tour de Francia, primer ciclista británico en conseguirlo, y tras los Juegos Olímpicos de Londres.

El ciclismo es el nuevo golf”, afirma Molinero. “Hay cada vez más gente con un poder adquisitivo medio-alto a la que le gusta practicar ciclismo. A esta gente no le vale una equipación cualquiera cuyo diseño sólo se basa en su funcionalidad técnica. Si han invertido mucho dinero y tienen un Jaguar en la puerta de casa esperándoles, tampoco quieren perder el estilo sobre la bicicleta”. Y un dato, en Estados Unidos, la práctica del ciclismo ha superado a la del golf como principal actividad de ocio, según un estudio de World Travel Market.

Ante esta creciente demanda de lujo, parece estar llamado el diseñador de moda británico Sir Paul Smith, apasionado del ciclismo, seguramente por su carrera frustrada como ciclista profesional al sufrir una caída mientras entrenaba cuando tenía 17 años. “Lo que perdió el ciclismo, lo ganó la moda”, se solía decir de él, hasta que poco a poco el mundo del ciclismo ha ido reclamando más y más los diseños del modisto. Basta con recordar los maillots del Giro de Italia en 2013 o los tres posters encargados por el gobierno británico para el pasado Tour de Francia que comenzaba en Leeds, para “remarcar la importancia cultural del Tour de Francia y su llegada a Reino Unido”, por nombrar algunos. Paul Smith presentó este año su primera colección de ropa ciclista denominada “531” en la que aúna el estilo urbano con ropa más propia de cicloturistas. Los precios oscilan desde los 125 euros por camiseta a los más de 400 por un chaleco. La campaña la protagoniza el ex ciclista escocés David Millar, un tipo con clase, rebelde, con aires de James Dean, con un pasado de éxito, excesos y dopaje y unos últimos años de clemencia. Aunque no se conocerían hasta años más tarde, Paul Smith, se ofreció a vestirle para el juicio en el que se le acusaba de haber utilizado sustancias dopantes en 2004 y tras el cual sería sancionado durante dos años. En 2012 volvió a vestirle para la presentación de su libro “Pedaleando en la oscuridad”, en el que Millar habla por experiencia propia de la época más oscura del ciclismo profesional y de su caída hasta lo más profundo del infierno.

Bradley 2015

En ciclismo, en estilo y diseño, los británicos son cabeza de lista. Mientras Wiggins se consolida como imagen de marca de la firma Fred Perry firmando en 2015 su octava colección con un toque menos mod y más hipster, la marca ciclista Rapha surgida en 2004, se ha convertido en referente de estilo en todo el mundo. En 2013 se convirtió en diseñador y sponsor de la equipación del equipo Sky, el galáctico del ciclismo profesional, que hasta entonces vestía Adidas. En petit comité, Mark Cavendish, ciclista del Omega Pharma-Quick Step que antes militó en el equipo Sky, se reconoce como puente entre la marca británica y el equipo a finales de 2012. “¡Justo el año que me voy a Omega Pharma – Quick Step!”. El esprinter británico tiene gusto por el buen vestir y es muy meticuloso con la calidad de los tejidos de su equipación. Por ello, no duda a la hora de dar sus opiniones al equipo y tampoco es de extrañar que las Converse que comenzó utilizando acompañando el atuendo de OPQS en hoteles y traslados las terminase solicitando como uso común para todo el equipo.

La tecnificación en la alta competición

De la calle a la alta competición, en este caso concreto, el ciclismo, Juan Pablo Molinero, afirma que el diseño está limitado a la funcionalidad de la prenda. No se trabaja tanto el diseño como en prendas termo inteligentes, que mantengan la temperatura corporal, que sequen rápido, que pesen poco, que permitan evacuar el sudor y con materiales de última generación. En el deporte de élite lo que se necesita es eso. Con el diseño se puede jugar en la ropa que la acompaña: la ropa de hotel, para viajar, la sudadera…”. La firma escocesa Endura, es la proveedora de ropa del equipo ciclista navarro y su marca de la casa es precisamente la inversión en innovación y desarrollo, pilar de la compañía desde su creación en 1992. Para ello, el equipo humano de Endura, desde el departamento de ventas, marketing y directores de producto, son ciclistas y además trabajan codo con codo con ciclistas profesionales, para escuchar sus necesidades y recibir sus valoraciones.

En el pasado Tour de Francia, Le coq sportif personalizó los buzos de contrarreloj para los líderes de la carrera en todas sus clasificaciones, ofreciendo un servicio inédito con materiales altamente técnicos a una selección de potenciales líderes tras el paso de la carrera por los Alpes, a los que les tomarían medidas atendiendo a sus preferencias en cuanto a comodidad, rendimiento y estilo. A esto se sumó la producción de maillots de líder personalizados en función de las condiciones meteorológicas y físicas de cada etapa.

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Ante el nicho de mercado que supone el ciclismo, la marca española Taymory establecida en Mataró y líder mundial en triatlón con tan solo tres años de andadura, ha iniciado su incursión en el ciclismo sobre uno de los pilares fuertes de la compañía: la adaptación y desarrollo de prendas personalizadas, ante la profunda tecnificación y la alta demanda del ciclismo profesional y de los practicantes. Su colección va desde lo vintage a otra con colores flúo en el que se puede leer en el dorsal del maillot “Keep distance” (mantén la distancia) para alertar a los conductores.

En una dirección o en otra, moda y deporte se dan la mano para responder a los nuevos hábitos de vida saludables de la sociedad, en la que el Fitness ha evolucionado a un término más global, el Wellness, para promover un bienestar más allá de lo físico a lo psíquico y emocional, buscando el equilibrio y la vida sana y en el que la mujer tiene cada vez mayor presencia. Se abandonó el chándal y la camiseta de Ron Barceló para ir al gimnasio. Ahora la gente quiere ir tan bien vestida practicando deporte que para salir a la calle”, afirma Beatriz Miranda. Gustos, bolsillos y deportes que encuentran en las grandes firmas de lujo, firmas de ropa convencionales y marcas deportivas la respuesta acorde a su demanda.

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Ese laberinto llamado Tour de Francia

Segundo día de descanso en el Tour de Francia y se siente como si fuesen seis las semanas que cargamos en las espaldas. Siendo prácticamente el mismo trabajo, los mismos traslados y el mismo trajín que en las otras grandes vueltas, el Tour de Francia es tres veces más agotador que ninguna de ellas aunque tremendamente gratificante. El punto común para corredores y periodistas es el estrés -“la superviviencia”, como dice mi compañero Christian Chambres- derivado de la responsabilidad. El Tour es el tercer evento deportivo más grande del mundo tras los Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol y ello nos exige a todos ser excelentes en nuestro trabajo, para estar al nivel de la carrera y de los millones de espectadores que nos ven cada día. Las audiencias internacionales de estos días en Eurosport hablan de cifras récord.

IMG_20150712_220837El Tour te atrapa. Aquellas vallas interminables que cada día vamos encontrando en el camino con un gerndarme que cruza los brazos y dice “fermé” (y es un “no” rotundo, aquí no se negocia), dan la sensación de acorralarte durante las tres semanas que dura la carrera, física y  mentalmente. Es difícil pensar en otra cosa que no sea el Tour. Igualmente complicado es intentar sacar la vista fuera de aquel laberinto y ver el escenario real sobre el que estás. Hace unos días me encontré en la zona mixta haciendo las entrevistas después de la etapa sobre un paso de peatones y bajo un semáforo. Otro día en la zona técnica había una parada de autobús. Kioscos, buzones de correo…Todo ello queda atrapado bajo la inmensidad del escenario del Tour y entre camiones, pasillos de vallas y fondos amarillos, desaparece. Miro con envidia a los vecinos asomados a sus ventanas observando todo el escenario en su conjunto. La misma sensación, pero a la inversa, tengo cada vez que cruzo la Plaza de Cibeles en Madrid. “Es curioso que en este trozo de asfalto han levantado los brazos Peter Sagan, Michael Matthews, John Degenkolb, Tyler Farrar…”. Y qué distinto parecía entonces.

Esas mismas vallas del Tour nos hacen entrar en bucle escuchando el mismo mensaje repetido cien veces. Lo gratificante de trabajar en un medio estrictamente deportivo es que se habla de la competición atajando los “dimes y diretes”. Así cuando te acercas a algún autobús para “hablar de la etapa de hoy”, recibes alguna cara de sorpresa. Parece que estos últimos días se ha hablado poco de ciclismo en el Tour.  En nada llegan los Alpes reclamando su protagonismo.

El Tour de Francia es un laberinto exigente pero delicioso. De nuestra habilidad (la de todos) e interés dependerá que el camino hasta París se convierta en una oportunidad y una nueva lección de vida. Eso sí, en mi caso recordaré más las experiencias, que los escenarios. ¡Que alguien me acerque una escalera para asomarme!

cav

¡Seguimos!

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Celebrando ‘a mi manera’

[Artículo publicado el 5 de julio de 2012 en Festina. This is our sport. Enlace original: http://blog.festina.com/2012/07/celebrando-a-mi-manera%C2%B4/]

El libro de ruta mostraba en la página de la quinta etapa al recientemente retirado Robbie Mcewen alzando los brazos en la meta de Saint Quentin durante la cuarta etapa del Tour de Francia 2006. Dos días más tarde haría triplete en Vitré y entraría en meta emulando a Jim Carrey en “Dos tontos muy tontos” cuando, agitando sus brazos, fingía estar corriendo dentro del coche; “parece como si fuese a una velocidad increíble, Harry”, decía el personaje. Era una apuesta que había hecho con Levi Leipheimer en marzo de aquel mismo año, durante la Tirreno Adriático. “Levi me pidió que celebrase de alguna manera, pero especial, como en la película. Estará contento. Ahora me debe una”. Seis años más tarde, el segundo “running man” entraba en la meta de Boulogne-sur-Mer. Esta vez fruto de una promesa con sus compañeros de equipo, Peter Sagan celebraba su victoria recordando a Forrest Gump.

Los originales modos de vivir la victoria tienen amantes y detractores. La celebración en meta con arrogancia y mala educación se paga. Aunque no existe un libro de estilo sobre cómo celebrar una victoria ciclista, sí existe una norma protocolaria básica, que se vea el nombre del patrocinador.  Hay quien además decide tener un guiño con la marca que les apoya, señalando su maillot o incluso besándolo. “Yo quiero ganar una etapa en línea para hacer el gesto de atender el teléfono”, decía en tono distendido Xavi Tondo tras su victoria en la contrarreloj en San Luis. “¡Que eso ya lo ha hecho Cavendish!”, contestaba uno de sus compañeros de la escuadra teléfonica. Mark Cavendish ha sido uno de los habituales en dar color a sus celebraciones aburrido del clásico alzamiento de los brazos, a pesar de que en los últimos años se muestre más comedido. Desde el corte de mangas en el Tour de Romandía, a romper en llanto en el Tour de Francia hasta hacer el caballito en La Vuelta a España. Impulsivo como es, sus celebraciones son un estallido de emociones.

La originalidad y el talento tienen un riesgo. Puede ocurrir como con El Pistolero, Alberto Contador, cuyo famoso y repetido gesto de disparar al aire puede ser el más ansiado del año por los seguidores tras los meses de letargo pero puede por terminar de cansar al madrileño ante su más que previsible lluvia de victorias que está por llegar. También puede ocurrir que a riesgo de querer ser original en cada victoria el público demande más y se acaben las ideas. Ya se espera una tercera victoria de Peter Sagan en el Tour y otro nuevo festejo que supere al anterior.

Escudados bajo el mérito otorgado por entrar el primero en meta, emulan a Frank Sinatra en su “I did what I had to do…I did it my way” y su imagen pasa a ocupar un lugar preferente en el álbum de la historia del ciclismo. En la retina permanecerá la entrada en meta de Carlos Sastre en el Tour de Francia en 2003 con chupete en boca en dedicatoria a su hija; la de Juan Antonio Flecha en la misma edición del Tour haciendo honor a su nombre, preparando el arco con los brazos para lanzar la flecha; la dedicatoria en el Giro de Lombardía de 2006 de Paolo Bettini alzando los brazos y la cabeza al cielo dedicándole en un mar de lágrimas la victoria a su hermano recientemente fallecido o el disparo en la meta de los Mundiales de Stuttgart dedicado a los que lanzaron una campaña de desprestigio contra él…

Hoy en Saint Quentin ha ganado André Greipel por segundo día consecutivo, imponiéndose sobre Goss y Haedo. Y discreto  como son sus celebraciones, con los brazos en cruz, y un toque de humildad respondía con paciencia a la siempre presente pregunta sobre Mark Cavendish que hoy quedaba quinto, “no sé por qué siempre me preguntáis por Cavendish si ya he demostrado que puedo batirle”.

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La víspera del Tour

Apenas levantó la cabeza del libro en las dos, creía, pesadas horas que debía esperar en el aeropuerto de Charleroi a su acompañante para tomar rumbo por carretera a Rotterdam. En la ciudad holandesa iba a dar comienzo 24 horas después la prueba ciclista por excelencia, el Tour de Francia, y para ella suponía su estreno en la ronda francesa.

A pesar de que su edad aún se podía considerar lozana, 26 años, llevaba muchos de ellos en los que no pasaba un día sin mantener algún contacto con este deporte: noticias, conversaciones, redes sociales…trabajo y pasión en uno, ¿hay alguna dualidad que se pueda disfrutar acaso tanto como esta? Una pasión que había nacido sola, como el caso imposible de un castaño que nace en medio del desierto. Igual de absurdo, contrariado y extraño. Su vida, que iba entonces por otros derroteros, un día se encontró con un deporte sacrificado, incomprendido, necesitado, complejo en mucha mayor medida que lo que aparenta, un deporte épico, un deporte espectáculo.

Las dos horas se habían convertido en tres. Las 100 páginas que había impreso para el viaje de la traducción aún no editada de El Arte de Ganar, se le habían quedado cortas. Esperaba poder encontrar un hotel donde poder imprimir algunas más, aunque el ritmo frenético de la carrera, visitas posteriores a hoteles, etc., no le iban a otorgar otras horas libres como las que estaba disfrutando en el aeropuerto. Lo que sí tenía claro es que quería regresar con esa primera página del libro firmada por su autor.

Su día a día comenzaba con un repaso a las últimas noticias a primera hora de la mañana, conexión a Twitter para comprobar el estado de los últimos debates abiertos sobre recientes acontecimientos, actualizar con algún artículo interesante, una pregunta abierta o entrar en un nuevo debate. Con todo ello, comenzaba su jornada laboral. En los descansos solía organizarse para las próximas carreras a las que debía asistir, comentaba con los colegas del gremio, contaba a la familia nuevas anécdotas; una conversación, en la mayoría de los casos, unidireccional por la ausencia de réplica y debate, para lo cual volvía a las redes sociales. Su vida era ciclismo 24 horas. Las personas con las que se relacionaba, las informaciones que seguía, las lecturas que realizaba, los planes que organizaba, los viajes, que cubrían el trabajo y uno de sus mayores hobbies, terminaban convirtiéndose en lo más cercano a vacaciones que tendría en todo el año…Era un “sacrificio” que disfrutaba teniendo, que aportaba ciertas complicaciones a su vida diaria, privada y vistas profesionales hacia cualquier otro sector en mejores condiciones que ese. Nada le hacía sombra. Pero era feliz con ello.

Levantó la mirada de su portátil y observó a su alrededor. El aeropuerto de Charleroi era pequeño. Pensó en qué hubiese sido de ella sin esas 100 páginas y sin ahora su portátil para poder descargar las ansias por llegar a la gran carrera. El vuelo de su acompañante se estaba retrasando más de lo previsto. No importaba. De lo improvisado del momento le vinieron a la cabeza sus padres, siempre preguntándose, sin manifestarlo, cómo, a dónde, con quién y hasta cuándo viajaba su hija menor. La duda se había convertido en costumbre al viaje “aventura” como, creo, que clasificarían ellos, y alguna vez, quizás a última hora, antes de cerrar la puerta tras de sí, su madre le preguntaría “¿tendrás donde quedarte y no irás sola, no?”.

Con la sonrisa aún marcada tras este pensamiento, observó la salida del último avión empezó a reconocer rasgos más blanquecinos, rosados, pelirrojos, rubios…sí, este último vuelo tiene que venir de Dublín seguro. Creo que mi espera no se va a alargar más. De pronto sale alguno que despista y otro despistado buscando con la mirada. Tomamos rumbo a Rotterdam.

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